La felicidad nuestra de cada día

ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero

2016-05-17

Salomón Beltrán Caballero

Pocas veces nos percatamos de que todos los días nos ocurren cosas maravillosas que nos dan felicidad, esto se debe, tal vez, a que estamos tan acostumbrados a ver sólo el lado oscuro de la vida, y eso nos ha condicionado a reducir nuestra capacidad para percatarnos de que detrás de aquellos pequeños destellos de luz existen enormes motivos para ser felices y mostrar nuestra  gratitud a Dios. Permítanme compartir algunos de estos momentos gratificantes recibidos el día de ayer, no con el afán de presumir las bendiciones recibidas, si con la intensión de ayudarlo a descubrir la luminosidad existente en un entorno  que nos empeñamos en pintar de gris.

1.- El domingo, unas de mis hermanas publicó una foto de mi madre luciendo hermosa como siempre, sentada en cómoda espera, en un sillón de la sala de su casa, escribiendo al pie de la foto “lista para ir a misa”; cuando me percaté de ello, faltaban escasos minutos para iniciar la misa, me dolió en el alma no poder ir por ella como lo hago gustoso en otras ocasiones, y por si la omisión no fuera suficiente, tampoco acudí a comer en su mesa, como gustoso lo hago todos los domingos, porque  en mi hogar se congregaron la mayoría de mis hijos y mis nietos con la finalidad de comer juntos, más le hablé a mi progenitora para que nos acompañara, pero ella ya se encontraba comiendo. Al día siguiente muy temprano le hablé por teléfono para saludarla, esperando un merecido regaño, pero, la luz de su amor me iluminó cuando ella me dio los buenos días y su bendición.

2.- Preocupado por unos documentos que no encontraba para elaborar un trabajo que tenía que presentar al día siguiente, y abrumado por la falta de tiempo y el cansancio, me empecé a estresar demasiado; de pronto, me iluminó la luz del amor de mi esposa, cuando ésta con dulces palabras y tiernas caricias, me consoló y dio ánimo. Entonces recordé a Rebeca una excelente persona, que ha visto con buenos ojos mi quehacer profesional y le solicité su ayuda, y entonces, ella me iluminó con la luz de la amistad y juntos terminamos el trabajo pendiente.

3.- Tenía un par de años que no acudía a un curso de actualización de un programa institucional, dedicado a la prevención, diagnóstico y tratamiento oportuno del cáncer de los niños y adolescentes; esperaba encontrarme con algunos de mis compañeros de generación; para mi sorpresa, encontré a un buen número de médicos de varias generaciones de egresados de la UVB,  actuando, unos como parte del Comité Organizador, otros como asistentes, y de pronto me iluminó la luz de su saludo afectuoso y recuerdos gratos.

4.- Después del primer día del curso mencionado anteriormente, llegué a mi hogar a la hora de comer, mi esposa me esperaba ya con la comida en la mesa, acompañándome  a compartir  los alimentos, mi hija María Elena y mi yerno José, se encontraba también mi nieta María José de un año de edad, la cual corrió a saludarme, pero yo quise lavarme  las manos antes de cargarla, y al subir las escaleras para dirigirme al lavabo, cerré la puerta para que la niña no subiera, entonces ella me iluminó con la luz de su amor y golpeó fuertemente la puerta para que le abriera, y dando un fuerte grito me dijo: “abeloooo”

Sí, esta narración tal vez le parezca a algunos lectores un relato muy personal, y  a otros un tanto cursi, pero yo les digo, que aquél que no puede percatarse de que Dios está continuamente obsequiándonos momentos de felicidad, en verdad, no conoce el amor del Padre celestial por sus hijos.

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