Una buena apariencia o mala imagen

ENTRE NOS / Carlos Santamaría Ochoa

2011-08-02

Carlos Santamaría Ochoa

CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- A quienes gustan de los relojes saben que la exactitud debe ser la principal virtud, y hay dos aspectos que se deben garantizar: la carátula y la batería o cuerda. La primera es porque dará apariencia buena o mala y la segunda, porque garantiza su funcionamiento.

En todo sucede igual: las dependencias tienen que contar con un titular capaz de tomar decisiones adecuadas, y una parte operativa que tenga capacidad para cristalizar las cosas a la realidad.

Y las tiendas, no se diga, porque finalmente, lo que vemos es la imagen que cuenta y la que se nos queda grabada, siendo que muchas veces la gente piensa de éstas según la carátula que vieron. Es la importancia de las oficinas de relaciones públicas o de atención al público, porque ahí es donde se forja una buena o mala imagen.

Llegó a Victoria precedente de un buen prestigio, porque en esa cadena de tiendas se encuentra de todo para el hogar: pintura, herramientas, accesorios, puertas y demás. El estilo americano obliga a tiendas de este tipo, donde uno prácticamente se despacha solo, asesorado por un asociado, y porque hay garantía de servicio y calidad. En Estados Unidos, cuando cometen un yerro, compensan al cliente.

En Victoria no. Es una tienda “americana”, pero que funciona “a la mexicana”. Todo sale mal, aunque no podemos dejar de reconocer la calidad de sus productos; cierto, algunos tienen un coste elevado en relación a la competencia, pero la ventaja es que encontramos prácticamente de todo.

Dentro de la clientela habemos algunos a los que nos gusta hacer las cosas y otros que no las hacemos, porque no tenemos la facilidad o el tiempo, o las condiciones físicas para ello. Se paga por un servicio completo que la tienda también tiene, aunque los trabajadores que subcontratan son como casi todos los que se especializan en ser “obreros a la mexicana”, es decir, informales, mal hechos, irresponsables… y mentirosos, como sucede con los gerentes de la enorme tienda. Lástima, sinceramente, de todo lo que encontramos ahí, porque el servicio deja muchísimo qué desear.

Finalmente, usted compra el material que requiere, asesorado por uno de esos personajes que lo saben todo –o casi todo- y luego pasa a “servicio al cliente”, donde paga por que le hagan el trabajo en casa: instaladores, plomeros, carpinteros, albañiles o lo que se requiera: ellos lo solucionan con dinero.

Se llega el día del trabajo y los individuos no llegan porque tienen un buen pretexto: la llanta, el microbús, el reloj o el celular no hicieron su tarea a tiempo y entonces se convierten en un buen pretexto, no importa que usted haya dejado de hacer mil cosas por esperarlos. No entendieron.

Lo normal: habla o va a la tienda a reclamar, y absolutamente nadie da la cara: los gerentes, escondidos y quedando mal, como siempre; los asociados que tienen capacidad de decisión no tienen idea de lo que hay que hacer para satisfacer al cliente.

Es una verdadera lástima que una tienda como la que tenemos en Victoria y que pertenece a la enorme cadena Home Depot no cuente con un buen servicio al cliente.

Aquí, recordando el inicio de esta colaboración, la carátula es hermosa, pero la batería no tiene energía o la cuerda se reventó. La calidad, por los suelos.

Pero es importante saber que hay otras opciones: Victoria tiene mano de obra para estos trabajos sin necesidad de ir a gastar dinero de más, hígado y otras cosas en un trabajo que no nos realizarán a satisfacción, y muchas veces, sin siquiera intentarlo.

La mala atención sale a flote, la prepotencia e incapacidad de los gerentes, es manifiesta siempre, y el “valemadrismo” de los trabajadores está a todo lo que puede. Por eso, busquemos en la gente de Victoria la solución a estos asuntos, y fomentemos así el desempleo, aunque sea un poco. No compremos servicios en esos lugares que engañan, porque dejamos el hígado en el primer mostrador que vemos.

Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

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