2012-01-28 19:24:00
De camino hacia la edad de oro, he realizado algunas paradas en el tiempo, para observar detenidamente la personalidad de aquellos que me llevan ventaja en años, y aunque no existe un patrón de conducta estándar que los identifique, sí he podido encontrar algunos elementos que a la mayoría les son comunes; tal vez pudiera pensarse, que por el hecho de ser médico, estuviera mejor preparado profesionalmente para entender la serie de cambios que ocurren en el adulto mayor, pero confieso, que aunque tuviera a mi favor un mayor cúmulo de información geriátrica, no puedo pasar por alto la influencia de otros factores, ajenos al conocimiento científico, que vulneran en determinado momento, la posibilidad de brindar una atención que se signifique por una mejor calidad y calidez; es triste y hasta vergonzoso reconocerlo, pero lo hago en el afán de tratar de mejorar la comunicación, no solamente entre los agentes de salud y los pacientes, sino entre los miembros de la familia.
Mucho tiene que ver en un profesionista la formación en valores que hayan adquirido durante el desarrollo de su personalidad, y es sin duda, la profesión médica la que tal vez exigiría mayor participación de ellos para así garantizar un buen trato en la relación con los pacientes y sus familiares; más, es bien conocido, que en muchas ocasiones, esta relación dista de ser la mejor, y la comunidad no se explica el motivo de éste denigrante fenómeno; sí, es también digno de reconocer, que en algunas otras, la atención esmerada de un galeno y su equipo de trabajo se haga evidente al ver publicada la gratitud del paciente y/o los familiares, cuando se contribuyó a mejorar la salud o se realizaron actos heroicos para mantenerlo con vida, aunque al final fallezca, pero, curiosamente pareciera que se tratara de casos especiales por ser los enfermos personajes conocidos en nuestra comunidad o ser familiar de alguno de ellos. No se me mal interprete, sé que efectivamente, muchos de nuestros compañeros médicos se entregan con pasión y verdadera vocación, pero, estando en un primer nivel de atención, sirviendo en su totalidad a beneficiarios de Seguro Popular, sin quererlo, me convierto en una caja de resonancia de muchos sentimientos, entre ellos, los de insatisfacción al percibir los pacientes o los familiares un trato inmerecido, más, en muchas de estas opiniones, encuentro que hay un elemento generador de la inconformidad y no es otro que la falta de una buena comunicación entre los involucrados en el proceso de la prestación del servicio y los pacientes.
Entre el 65 y 70% de mis pacientes, son ahora adultos mayores, afectados por padecimientos cronicodegenerativos, tristemente mal controlados por diversos factores, pero, a los cuales se suma un sentimiento de desesperanza, al no encontrar en el personal de salud la suficiente sensibilidad para entender que no están frente a una enfermedad, sino frente a un enfermo que merece ser atendido en forma integral ¿Será este el momento de cambiar el perfil de los futuros profesionistas de la medicina? Sin duda, los estudiosos de los fenómenos epidemiológicos y demográficos, ya están tomando cartas en el asunto, pero, mientras llega el auge de la geriatría, los que aún estamos en funciones, los de muchos años de servicio público, los jóvenes que se incorporaron recientemente y los que están por incorporarse, necesitamos hacer una profunda reflexión sobre nuestra conducta ante estos hermanos que depositan la confianza en nuestro saber.
Estaba ya muy cansado, no soportaba más el dolor de mi espalda , el sillón de mi escritorio, fiel compañero de muchos años de mi quehacer profesional, con sus rodillos gastados y el acojinado totalmente comprimido, estaba venciendo mi columna vertebral, inclinándola hacia el lado derecho y mi cuerpo tratando de compensar la pérdida de su eje, forzaba los músculos contra laterales y con ello liberaba las sustancias que ocasionan dolor, de pronto, llegó Doña Lupita, una hermosa mujer de 76 años, acudía por primera vez a la consulta, apenas tenía 2 semanas de haberse afiliado al Seguro Popular, siempre fue atendida por médico particular y por cierto, hablaba maravillas de él; ella se tomó su tiempo y empezó a relatarme con tal detenimiento y detalle la historia de su estado de salud, yo me mostré, como siempre, atento a lo que decía mi paciente y aunque con delicadeza quise interrumpir en varias ocasiones, pues sabía que en la atestada sala de espera, había otros ansiosos pacientes en contar su propia historia, aquel ser humano que también padecía de dificultad auditiva, no me escuchó y sólo paró de hablar, hasta que consideró que ya me había dado suficiente información para llenar la historia clínica oficial, mientras trataba yo de escuchar también a mi espalda que me reclamaba a cada momento y me obligaba a cambiar de posición constantemente.
Muchos de estos adultos mayores, pueden aguantar sus dolencias, pero jamás la indiferencia de que son objeto cuando el resto de su familia empieza a olvidarse de lo mucho que han significado en sus vidas. Es la falta de amor y de atención el mayor de los males en nuestra sociedad, muchos de nuestros descompensados pacientes diabéticos o hipertensos, muchos de nuestros obesos o enfermos de cáncer, de nuestros adictos, saben que es el amor la mejor medicina y esa, mis queridos lectores, la podemos dar en abundancia y cuesta mucho menos que un fármaco genérico.
Dios nos conceda mucha paciencia, tolerancia, pero sobre todo humildad a todos los que nos dedicamos a velar por la salud de nuestro prójimo.
Dios bendiga nuestro DOMINGO FAMILIAR.
enfoque_sbc@hotmail.com
Salomón Beltrán Caballero
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