2012-07-12 18:00:00
Sin duda, mi padre tuvo en vida muchos amigos, me hubiera gustado haberlos conocido a todos, pero me tocó vivir sólo una etapa del gran recorrido que por la vida hiciera el Químico bohemio. A todos ellos, los recuerdo con agrado, porque él fue feliz compartiendo sus alegrías y sus tristezas con ellos; de la mayoría recibí un buen trato, el trato que se le da al hijo de un buen amigo; de algunos recibí el afecto, de otros un consejo, de muy pocos un apoyo formal y decisivo para que pudiera en el momento preciso alzar el vuelo.
Cada vez que me entero de que un buen amigo de mi padre ha dejado de existir, siento lo que él hubiese sentido, de estar vivo, y los hubiera visto partir de este maravilloso y contrastante mundo, siento, que me embarga la tristeza, porque con ellos se marcha también parte de los recuerdos del fantástico momento que vivieron juntos.
Cuando mi padre partió hacia la vida eterna, algunos de sus amigos me ayudaron a terminar de escribir algunas de las páginas del libro de mi vida que permanecían en blanco, porque al no tener recuerdo de las muchas andanzas de mi progenitor, sólo ellos que estuvieron cerca de él, podían aportar parte de su historia.
Recién me entero de la muerte del Profesor Juan Guerrero Villegas, con quien conviví como Cenopista, y que en algún momento de esa transición de mi “yo político” el tiempo permitió intercambiar conceptos, para enriquecer mi cultura en el difícil y apasionante arte de la política, pero más, las bases con las que se construyen las verdaderas amistades.
Descanse en paz el maestro, el líder, el buen servidor púbico, el amigo de mi padre.
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Salomón Beltrán Caballero
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