Domingo familiar
ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero
2013-05-04
ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero
2013-05-04
DOMINGO FAMILIAR
Ayer cumplió 6 años mi nieto Emiliano, él es para mí un niño muy especial; desde que vino al mundo, mi espíritu se identificó plenamente con su espíritu; mi madre asegura que su personalidad es muy parecida a la mía; en lo particular, he encontrado algunos rasgo físicos y cualidades parecidos, aunque siempre con una variable que determina su autenticidad como persona. Desde muy pequeño denotó, no sólo el gran amor que siente por sus progenitores y por sus hermanos, sino por su prójimo. En una ocasión me acompañaba en el auto y en una intersección me detuve, pasando frente a nosotros un hombre joven de barba oscura y aspecto menesteroso, de pronto el niño me dijo: qué bueno que lo dejaste pasar abuelo; como pasó tan cerca de nosotros, le pregunté: ¿no te dio miedo? y él me contesto: no, el es una persona hermosa; ¿hermosa? -repliqué-, sí abuelo, es un hombre bueno. Aquella reflexión de mi nieto cuando apenas tenía 3 años, me llenó de asombro; ¿cómo era posible que un niño tan pequeño pudiera expresarse así y pudieran sus ojos ver lo que los míos no veían? Emiliano ha buscado la equidad en todos los sentidos, recuerdo que cuando me acompañaba a las tiendas, le ofrecía comprarle lo que se le antojara, más, no me aceptaba nada si no le compraba algo igual para su hermano Sebastián. Entre otras cualidades, el niño es muy respetuoso, honesto, justo, generoso, es sumamente solidario y protector con sus hermanos y amistades, es caballeroso y servicial; en sí, tiene muchas buenas cualidades.
Jesucristo nos habla en su evangelio de las grandes virtudes de los niños y nos ha dado a conocer el gran amor que siente por ellos y nos obsequia hermosas lecciones del por qué hay que considerar a los pequeños como un ejemplo de vida a seguir.
“Y lo que es más de admirar, les vino el pensamiento cuál de ellos sería el mayor; pero Jesús, leyendo los afectos de su corazón, tomó de la mano a un niño, símbolo de humildad, y lo puso junto a sí, y les dijo: Cualquiera que acogiere a este niño por amor mío, a mi me acoge; y cualquiera que me acogiere a mí, acoge al que me ha enviado. Y así, aquél que es o se tiene por el menor entre vosotros, ese es el mayor en el reino de los cielos” (LC 9:46-48).
La humildad, la inocencia, la ternura, la franqueza, en sí, la nobleza de los niños son un eterno recordatorio del siempre vigente mensaje de Jesucristo, sobre las virtudes que los adultos debemos de preservar para aspirar a ser merecedores de la vida eterna.
“Como le presentasen a unos niños para que los tocase y bendijese, los discípulos reñían a los que venían a presentárselos. Lo que advirtiendo Jesús, lo llevó muy a mal y les dijo: Dejad que vengan a mí los niños, y no se lo estorbéis; porque de los que se asemejen a ellos es el reino de Dios. En verdad os digo, que quien no recibiere, como niño inocente, el reino de Dios, no entrará en él. Y estrechándolos entre sus brazos, y poniendo sobre ellos las manos, los bendecía” (Mc 10:13-16).
Acerca a tus hijos a tu vida, sean éstos, niños o adultos, abrázalos y bendícelos, muéstrales todo tu amor, para que ellos den también en abundancia todo el amor que poseen, y que muchas veces mantienen guardado en la falsa idea de que al obsequiarlo serán de nuevo tan vulnerables que pudiera más que causarles un gran satisfacción, les cause el mismo dolor que sintieron cuando te necesitaron y no estuviste cerca de ellos.
Dios bendiga a todos los niños y a los padres de los niños, para que recuerden siempre que el amor es la necesidad más grande que poseemos los seres humanos. Dios bendiga a sus hogares y a todos nuestros Domingos Familiares
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