¡Que bonito es el quelite!
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2013-05-10
DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga
2013-05-10
La nota que hoy se publica en La Jornada sobre la necesidad de volver a la dieta mexicana para paliar la crisis alimentaria de millones de mexicanos, me provocó compartirle, amable y considerado lector, esta remembranza. Antes, le preciso que la nota referida se deriva de las declaraciones de investigadores del Programa Universitario de Alimentos de nuestra gloriosa UNAM, el PUAL por sus siglas: Además del maíz y frijol, hay que entrarle a las verdolagas, huauzontles, papaloquelites y chayas. ¿Cómo la ve?
A inicios de los ochenta, fui parte de una iniciativa de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, para lo cual se invitó a expertos del PUAL a una reunión de asesoría para darle forma a un gran programa de investigaciones alimentarias, tema de moda en la égida del Sistema Alimentario Mexicano, el famoso SAM de López Portillo.
En una reunión en el campus Tampico, el Dr. Rodolfo Quintero nos dio la panorámica de los problemas alimentarios de México, y en pocas palabras recomendó la ruta crítica para darle forma al Instituto de Investigación en Alimentos de la UAT, cuya primera tarea era justamente la falta de investigadores en la materia. Se fundó el IIA, pero pronto cambió de nombre a Instituto de Ecología y Alimentos, por la moda verde, terminando en la actual administración rectoral como Instituto de Ecología Aplicada. El tema de los alimentos emigró a Reynosa radicándose en la Facultad de Ciencias Químicas, hoy Unidad Académica Aztlàn.
Lo que importa en esta referencia es que no se pudo o no se quiso vertebrar un programa institucional en ciencias y tecnología de los alimentos, integrando capacidades de varias facultades ligadas a la producción, lo que faltaba era incursionar en el manejo poscosecha de los granos, conservación y transformación de diversos productos tamaulipecos. Pero más allá de estos temas, la problemática alimentaria implicaba a todas las aéreas del conocimiento, señaladamente educación y salud. Pero la vimos pasar.
Cierro con una anécdota: Por esos años, mi buen amigo Casimiro Basoria me invitó a Ocampo a dar una plática sobre los alimentos que presumiblemente los mexicanos consumiríamos en el año 2000. El público era un grupo de unas 20 personas, entre ellos algunos maestros y otras personas interesadas. La verdad sea dicha, me las vi negras para decir algo coherente, pero al fin de cuentas podía recurrir a mi formación profesional como agrónomo y especialista en desarrollo rural.
Esa ocasión traté de apoyarme en la historia, y aventuré que un problema que se veía venir era la falta de agua para riego, de modo que habría que volver los ojos al buen temporal. Aún recuerdo la frase entre mis oyentes de “en esas andamos”. Pero dado que mi público escuchaba atentamente y quería saber que comeríamos en el cambio de siglo, me atreví a mencionar las dietas de los pueblos autóctonos, que entre otras cosas le entraban a los chapulines. Más de cuatro abrieron los ojos como espantados antes de escuchar la primera carcajada: ¡Chapulines! No se a cuantos malabares recurrí, pero gracias a Dios terminó la reunión sin que llegara la sangre al río. Es fecha que no vuelvo a Ocampo.
Y mire usted lo que son las cosas: Ora resulta que los investigadores del PUAL recomiendan recuperar la dieta mexica, si de los verdaderos mexicas, “cuya fuente por excelencia era la mezcla de leguminosas y cereales, cuyo valor nutrimental se equipara al de la carne”. Lo dijo la científica Amanda Gómez Mariscal. A ver, aléguele!
Cierro con una de mis citas favoritas: Antes decía: Pienso, luego existo. Tiempo después me dije: Como, luego existo, y en los tiempos del siglo de la globalización me digo: ¿Cómo es que existo? Fue el comentario lacónico del Dr. Carlos Wild Altamirano, Director fundador de aquel proyecto de Instituto de Investigaciones Alimentarias que el tiempo se llevó.
Correo: agrolibo@hotmail.com
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