¡Ya no soporto a mi suegra!

Existe una dificultad real en el hombre para liberarse de la relación madre e hijo. Es una proximidad que puede manifestarse de varias formas y que puede acarrear ciertos incidentes diplomáticos en la vida de pareja si no tenemos cuidado

2012-06-01

Agencias

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Tu suegra es muy simpática… ¡pero está demasiado presente en tu relación! ¡Debería darse cuenta de que su hijo ya es mayor y de que ahora está contigo! ¿Qué hacer frente a esta situación? Conversamos con Danièle Chinès, psicoterapeuta de pareja.

Ella sabe lo que le gusta, ¡y lo que necesita! Fue ella quien se encargó de limpiar el piso cuando él se fue a vivir contigo. A veces lo acompaña a comprarse ropa. Aunque no tiene por qué ser consciente, ella es su modelo, y a veces te suelta algún que otro comentario o indirecta.

Su madre, está bastante claro, ¡ya no puedes verla ni en pintura! «No vale la pena sentirse culpable si te sientes así, es bastante común», nos tranquiliza Danièle Chinès1, psicoterapeuta de pareja.

Existe una dificultad real en el hombre para liberarse de la relación madre e hijo. Es una proximidad que puede manifestarse de varias formas y que puede acarrear ciertos incidentes diplomáticos en la vida de pareja si no tenemos cuidado. Lo contrario no suele pasar, la dificultad para un hombre se presenta sobre todo con la familia política y con los rituales que le impone su mujer para reforzar los vínculos, más que en la relación con su madre.

Su madre: su modelo
Teorías psicoanalíticas de Danièle Chinès, para una madre dar a luz a un hijo viene acompañado de un gran orgullo. Él le envía una imagen muy positiva de ella misma y ella, a su vez, también. Existe un claro vínculo preferente. Desprenderse no resulta nada fácil.

El primer lugar en el que se adquiere ese modelo es el hogar, empezando por la cocina, «que los remite a la comida, al pecho, a la leche del biberón de la infancia», explica la psicoterapeuta. Este vínculo, con frecuencia inconsciente, convierte a la madre en un modelo al que debería parecerse su mujer. Un dominio que puede extenderse a otros campos, como la gestión del gasto familiar o la educación de los niños.

Las frases asesinas de la suegra
«Carla no come verduras, yo acostumbré a mi hijo desde muy temprana edad». «Marc tiene mala cara, ¿no?». «Te llevó a Italia, tienes suerte» (¡como si tú no hubieras participado en el viaje!). Siendo claros, tu suegra siente cierto placer pícaro al hacer comentarios descorteses o dejar caer ciertas indirectas. Como si intentara decirte que no estás haciéndolo bien con su hijo.

«Clásico y absolutamente previsible», comenta Danièle Chinès.
Hay que señalar que la relación de una madre con su hijo se sostiene sobre una relación de seducción… Inconsciente sí, pero real. La prohibición del incesto marca los límites necesarios, ¡pero la atracción sigue existiendo! Normalmente, a una madre le cuesta aceptar que esa fusión inicial desaparece en beneficio de una relación de alteridad hombre mujer, la tuya. Por eso, a su madre le cuesta cogerte cariño de entrada y pueden surgir ciertas rivalidades. En general, inconscientes.

Hablar y mejorar la relación con tu suegra
«Mostrar las diferencias que nos hacen ser personas distintas en la pareja es indispensable», recomienda Danièle. La tentación de caer en el reproche de «me tienes harta con tu madre» es muy grande. Una actitud ante la que corres el riesgo de que responda a la defensiva y se posicione firmemente. Es preferible marcar bien los límites. El modelo de una madre demasiado presente puede significar ausencia de reconocimiento de tus propios valores por parte de tu compañero. Lo que genera en ti una falta de confianza, o una decepción frente a su falta de adaptación a la nueva situación. En ambos casos, la pareja sufre.

Una actitud diferente consiste en convertir a tu suegra en una aliada. Esos comentarios intempestivos reflejan una relación basada en la rivalidad. Escapa de ese juego de poderes; si puedes. «El primer paso consiste en poder aceptar sus cosas buenas sin renunciar a las tuyas», sugiere Danièle. En lugar de cerrarte en banda, intenta decirte «¡es verdad, es interesante!» Sin tomarla como modelo, por supuesto, sino con la idea de hacerte más fuerte. Incluir en lugar de excluir ¡es la clave! Obvio, eso no puedes hacerlo de un día para otro, pero merece la pena intentarlo.

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