Sigue la ruta del ‘Chepe’ y descubre la Sierra Tarahumara
Su nombre es “Chihuahua Pacífico” y con casi 50 años de haberse construido, este tren es el único de pasajeros que queda en el país
2013-05-21
Su nombre es “Chihuahua Pacífico” y con casi 50 años de haberse construido, este tren es el único de pasajeros que queda en el país
2013-05-21
El tren Chihuahua-Pacífico es el medio ideal para recorrer uno de los escenarios naturales más imponentes de México: las Barrancas del Cobre.
Su nombre es Chihuahua Pacífico, pero le llaman cariñosamente “Chepe”, a propósito de sus iniciales (CH-P). Tiene casi 50 años, pero este “Señor de las Barrancas” corre sin prisa la Sierra Madre Occidental o Sierra Tarahumara dos veces por día. En sus viajes de Los Mochis a Chihuahua y viceversa, para en ocho estaciones turísticas: Los Mochis, El Fuerte, Bauichivo/Cerocahui, Barrancas, Divisadero, Creel, Cuauhtémoc y Chihuahua, cruzando diariamente incólume el encanto hechicero de las Barrancas del Cobre, el complejo geológico más importante de México. Al “Chepe” le gusta correr, como a los rarámuris (“los de pies ligeros”). Y al igual que ellos, se confunde en el paisaje, de no ser por ese detalle en color rojo que amarran a su cabeza y que los distingue del entorno. La máquina del tren es carmesí. Este tren de pasajeros de color de sierra (verde oscuro) es el más antiguo de México y el único de pasajeros en el país, y honra cada día a los rarámuris acercando su cultura ancestral a quienes viven lejos.
En la Misión de San Ignacio de Arareco, donde viven dispersos en 20 mil hectáreas de bosque, se puede conocer la visión de estos indígenas de vocablos dulces y vestidos llenos de color. Los rarámuris tienen un valor excepcional por las personas, no así por las cosas. Para ellos, a los 14 años ya eres un adulto y sus hogares están dentro de las cuevas que hay en las barrancas o en chozas de madera construidas en las laderas de las montañas o a las orillas de cualquier arroyo. Y adivinar su edad es todo un reto, pues en su rostro cada línea recuerda el clima extremo de la región.
A bordo del ferrocarril se visita también a los menonitas en Ciudad Cuahtémoc, el lago de Arareco, los valles de los Hongos y de las Ranas, la cascada y el templo de Cusararé desde Creel; y la Cueva del Chino, donde viven rarámuris desde hace cuatro generaciones, y el mirador de Piedra Volada, en las barrancas de Urique y Tararecua, entre muchos otros lugares llenos de encanto milenario.
Pero como a los rarámuris, nadie les gana a correr por las barrancas.
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