El primer priista

LOS MISERABLES / Leobardo Sánchez Tovar

2016-06-27

Leobardo Sánchez Tovar

Descabezado del poder, el PRI de Tamaulipas ha entrado en una desconocida zona cero, sin líder que los convoque, ni siquiera el gobernador EGIDIO, quien no representa nada para los priistas, por eso lo hicieron a un lado para abrir un vulgar pleito tribal movido por GEÑO y TOMÁS.

Para el gobernador en turno, nada es tan denigrante como haberle despojado del zalamero título de primer priista del estado, que todos los gobernadores han presumido sin recato.

Para los priistas sin embargo, resulta poca cosa haberlo desconocido como su máximo líder, después del desastre político del 5 de junio, que no se esperaban, al menos no como ocurrió, peor que la tragedia de MANUEL CAVAZOS, la más sonada de la historia con 10 municipios perdidos.

En un ambiente derrotista muy contaminado comenzaron a surgir algunos priistas que querían quedarse con el liderazgo de un partido desvalijado y humillado.

HERIBERTO RUÍZ, abrió la pasarela, después le siguió EDGARDO MELHEM, y también ENRIQUE CÁRDENAS, y hasta EFRAÍN DE LEÓN se apuntó para entrar a la disputa de un cadáver al que todavía se le reza el novenario.

Esa anárquica forma de promoverse para ocupar el máximo cargo del PRI en Tamaulipas, trajo de nueva cuenta a la capital del estado a BALTAZAR HINOJOSA OCHOA, con la derrota a cuestas de la que aún no se repone, pero al fin y al cabo, con la autoridad moral para imponerse tratándose de adelantados.

La reunión con la clase política del PRI, encabezada por BALTAZAR se llevó a cabo desde muy temprano hoy en el hotel Paradise Inn, (como anhelante símbolo del edén perdido)

Se entiende entonces que BALTA vino a dar línea, y a aniquilar las espontáneas aspiraciones de quienes levantaron la mano para reconstruir las ruinas de un partido devastado.

Con un PRI a nivel nacional también descabezado, Tamaulipas no quiso seguir la incómoda ruta de la renuncia, aunque para efectos prácticos, RAFAEL GONZÁLEZ BENAVIDES, también ha quedado como EGIDIO, sin voz ni voto.

Bajo ese estrepitoso destierro del poder, el PRI de Tamaulipas parece regresar a su primitivismo, automarginándose y escondiéndose en lugares poco frecuentes, para escuchar la voz de su líder de ocasión, a quien también le ha tocado, administrar las penurias.

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