Para subir al cielo, se necesita…

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2018-10-19

Liborio Méndez Zúñiga

Una escalera grande y otra chiquita, así lo dice la canción popular. Y en tratándose de la Reserva de la Biosfera El Cielo (RBC), pareciera muy pertinente la frase, si de verdad se asume su condición de Área Natural Protegida (ANP), según el decreto estatal que le dio origen. Sin embargo, un balance somero de la situación de este enclave de biodiversidad, no se corresponde con los retos y compromisos de conservación y desarrollo sustentable de las 144 mil hectáreas que abarca en los municipios de Jaumave, Llera, Ocampo y Gómez Farías, Tamaulipas.

Mediante la figura de un Consejo de Administración de la RBC, integrado por dependencias municipales, estatales y federales, fue elaborado su Plan de Manejo, pero sus lineamientos no se han traducido en una presencia institucional relevante en vigilancia y monitoreo del uso y manejo de los recursos naturales de esta Área Natural Protegida, ante la actividad de sus moradores así como el impacto ambiental de los visitantes por sus atractivos naturales, que ingresan sin controles ni registros de afluencia.

Sin embargo, la capacidad de carga de la afluencia de turistas, que aún no es desmedida, podría serlo, ya son un riesgo los tours de jeeps  y más vale prevenir que lamentar. Son varias las aristas del manejo y conservación en la RBC, que en principio atañen a sus autoridades locales y asentamientos humanos dentro de ella y en su periferia cercana. En principio, es mínima la participación de los ayuntamientos, y El Cielo no se percibe con riesgos o bajo amenaza, se ve como un capital natural inagotable. Los incendios preocupan a la gente solamente cuando se presentan, frecuencia que posiblemente se modifique con el cambio climático que ya llegó.

Si los alcaldes no se pronuncian, cosa que no ha visto en los últimos años, la escasa gestión de los asuntos de la RBC queda en manos de pocas entidades estatales, y ello se traduce en una posición de dejar hacer, dejar pasar. Después de la actividad de Terra Nostra, A.C., no se tiene noticia de otra ONG local con presencia y actividad conservacionista relevante en la RBC.

La presencia y actividad de la UAT, entidad que había sido designada coordinadora de la investigación científica en El Cielo, se ha reducido en cuanto a proyectos y estudios, y ésta y otras instituciones están desvinculadas de la operación del Centro Interpretativo Ecológico (CIE), inversión de 160 millones de pesos que no ha podido llenar las expectativas de ser un museo de sitio, ante la escasa afluencia de visitantes, amen del deterioro de las instalaciones ubicadas en Gómez Farías.

Si hubo cambios de la legislación, y se introduce el modelo de parques y vida silvestre, los retos como reserva de la biosfera enunciados persisten, no se puede renunciar a un compromiso con las siguientes generaciones, divisa mayor de la sustentabilidad. En ese sentido, es de reconocerse el interés de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), que en los últimos años ha realizado estudios sobre jaguares, cuyos avistamientos por lugareños llamaron la atención y también el monitoreo de la anteriormente llamada Comisión Estatal de Vida Silvestre. El de la pluma tuvo el privilegio de observar un ejemplar adulto, en su brinco fugaz por el camino de acceso a la cabecera municipal de Gómez Farías, experiencia visual de unos cuantos segundos, mientras manejaba de regreso a Cd. Victoria. Recuerdo inolvidable.

Debe recordarse que en la zona núcleo de la RBC existe el Rancho de El Cielo, propiedad de la Universidad de Texas, para uso exclusivo de sus estudiantes e investigadores, y existe abandonada una construcción habitable y posible estación de investigación en Montecarlo. En la cabecera municipal de Gómez Farías, como ya se dijo, se cuenta con el CIE, y una estación biológica con terreno suficiente para ser acondicionada para los fines que procedan de educación superior, capacitación e investigación científica.

Además del valor intrínseco de esta especial RBC, debe subrayarse el servicio ambiental que presta a la región de El Mante, ya que la cosecha de lluvias de esta gran esponja natural, se traduce en los volúmenes del vital líquido que fluye por sus ríos y humedales. La región agrícola del valle no sería posible sin la cosecha de agua de El Cielo. Ojalá y pronto encontremos entre sus empresas socialmente responsables que le den continuidad a este visionario proyecto de conservación en el noreste de México.

Sin duda, existen los elementos para retomar un proyecto de gran visión en la RBC, se cuenta con especialistas, experiencia, infraestructura y las relaciones con entidades federales e internacionales para asegurar los objetivos de conservación de flora y fauna de El Cielo, pero se requiere la escalera grande de la voluntad política de los tres órdenes de gobierno. ¿Lo veremos en la IV Transformación?

Agradezco sus comentarios a: liborio.mendez@gmail.com

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