El socavón en el campo mexicano

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2018-11-12

Liborio Méndez Zúñiga

A los treinta millones que votaron por un cambio de régimen, habrá que decirles que Roma no se hizo en un día, pero sí ardió en llamas, y ahora no sabe que hacer con una plaga doméstica de gatos que proliferan por las calles y barrios de la ciudad, que además son felinos del tamaño de los gatos rabones y no precisamente de mininos.

Lo anterior viene a cuento porque en el tema del llamado al rescate del campo mexicano, la palabra rescate ya sugiere que el buey sigue hundido en la barranca no solo del despeñadero del sexenio que agoniza, sino del histórico sistema de gobierno y su modelo parchado de dependencias agropecuarias que de tanta reingeniería se han erosionado como los suelos que medio se cultivan en el minifundio rural, en crisis desde que empezó el éxodo rural hacia las ciudades y con el vecino del norte.

Es decir, el campo hace rato dejó de ser prioridad de los gobernantes en turno, el ministerio de agricultura fue rebasado por el sector de servicios, la gran panacea del turismo que trae divisas a las ciudades, y cada sexenio vimos desmontar las instituciones del desarrollo rural, con el mito de la obesidad del estado. Los tratados comerciales beneficiaron, y habrá que cuestionar su impacto social y ambiental, a los productores de riego y con niveles tecnológicos aceptables para poder competir y exportar unos cuantos productos agropecuarios. Los pequeños productores nomás la han visto pasar, con notables excepciones.

Y lo que son las cosas, anote usted que diagnósticos no faltan, tenemos los centros de pensamiento y talento para hacer las cosas de manera diferente. Un gran problema del campo es que dejamos llegar a los cargos de las dependencias del campo a los recomendados de los poderosos, improvisados que solo llegan a cobrar sus emolumentos sin entender la problemática rural, porque nunca han pisado una parcela, así ostenten una carrera universitaria. Cambian las cabezas, ponen un segundo nivel a modo, y el tercer nivel por muy técnico que sea, tiene que obedecer la cadena de mando o lo despiden.

Y no faltan leyes y reglamentos, sobran pero no se aplican. El otro gran problema es que la participación de los productores, la que pesa, se reduce al cabildeo de las organizaciones de los grandes productores y empresarios de cuello blanco, que en una cena de postín ajustan los fondos de fomento a sus intereses, sean de obra pública, insumos o financiamiento a tasas bajas e incluso fondo perdido. La larga lista de consejos y comités de funcionarios, técnicos y productores son entidades deliberativas y de concertación que no han servido a los intereses de la nación, responden a intereses de grupo y si los pequeños y medianos productores no tienen cabida pues Dios que los ayude. Será que por eso han proliferado las iglesias.

Pareciera que el cuerno de la abundancia se vació y que allí está el gran socavón del país, el gran bache de la sociedad mexicana que tanto le debe a la población rural, que cada vez ve que sus hijos prefieren emigrar porque ya no pueden vivir de amor a la tierra y los magros ingresos de sus erosionadas parcelas, como Jacinto Cenobio.

Ni buen suelo ni buen cielo, el cambio climático ya está presente y los riesgos de la agricultura de temporal en las regiones de México son mayores, temporadas de sequías más severas, inviernos más rigurosos, ciclones devastadores, son los obstáculos que harán más difícil salir del socavón rural, sin contar las permanentes perforaciones de pozos en la campiña buscando el vital líquido, es decir, el rapaz fracking social.

¡Ay, Víctor Villalobos, Dios te ilumine y a nosotros que no nos olvide!, es el ruego de muchos hogares rurales.

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