¿Diáspora o neoruralismo?

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2018-12-16

Liborio Méndez Zúñiga

Por la itinerancia propia de la vida, uno pasa de la infancia a la tercera edad con varias mudanzas de casa, cambia de pueblo y de ciudad, y en un peligro (es un decir) tiene asiento en una metrópoli, incluso tal vez en el extranjero. Después de cursar la básica o bien el bachillerato, hubo necesidad de migrar por voluntad propia a donde pudiera cursar la universidad, con lo cual usted llegó a una casa de asistencia y pudo ser recibido en varias casas en la ciudad destino. 

Luego, por razones de trabajo pudo establecer residencia temporal o definitiva donde estudió o bien mudarse a otro estado del país, repitiendo la experiencia de la migrancia interna y las mudanzas obligadas de casa y trabajo. Si usted formó una familia y llega el momento en que los hijos se van, tal vez pudo tener la opción de intentar regresar al añorado origen, es un decir, porque tal vez ya no estén los padres y quien sabe los hermanos. 

En esta última mudanza en la patria grande, si no le acomoda su patria chica, tal vez como jubilado pueda intentar sumarse al creciente “neo ruralismo” que ocurre en pueblos tranquilos y rodeados de naturaleza; neoruralismo sería una especie de retorno a la vida rural, no por necesidad sino por gusto, la elección de calidad de vida en contacto con la naturaleza, no para volverse agricultor o ganadero, sino para tener una casa con lo indispensable para vivir sin los ruidos y la contaminación de las ciudades. Nomás cuestión de echarle un ojo a los pueblos mágicos de nuestro país, para ver opciones interesantes. 

El de la pluma, a instancias de la media naranja, hace dos décadas optó por incursionar poco a poco, paso a pasito, en darle forma a una microempresa de ecoturismo en las inmediaciones de El Cielo, en la cabecera municipal de Gómez Farías, Tamaulipas, mediante un hostal, ofreciendo servicios a los amantes de la naturaleza, desde 1998. Oiga usted, antes me consideraba especialista en desarrollo rural, ahora soy aprendiz de neoruralismo. 

Cuando recibimos visitantes y turistas, no son pocos los que se van pensando en volver e incluso expresan su deseo de buscar la posibilidad de hacer su retiro en este paraíso natural de flora y fauna. Eso es lo que ya están haciendo los norteamericanos en varias comunidades del país, que vienen a residir por temporadas o de manera permanente. 

Asentarse en una pequeña villa de poco más de un millar de habitantes, ha significado adecuarse y adaptarse a formas de vida comunitaria, animarse a participar en sus problemas y afanes cotidianos, volviendo a forjar vínculos de amistad, solidaridad, y compartir la experiencia y conocimiento de dos profesionales que abrevaron en las casas del saber universitario, en remplazo de quehaceres citadinos y gremiales. Pero bueno, en la sencillez está lo complejo, ya lo dijo Einsten con su teoría de la relatividad, también lo dijo el economista Shumaker: lo pequeño es bello.

Ora que tal vez la creciente marabunta de la tercera edad, formamos parte de una nueva diáspora para divertimento propio en calidad de forasteros permanentes. Sea por Dios.

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