El morral del 2018

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2019-01-01

Liborio Méndez Zúñiga

En la temporada decembrina además de afectos y convivencia familiar, como no queriendo se echa un vistazo a lo ocurrido y transcurrido en la vida personal. La memoria registra precariamente el diario vivir, pero los momentos gratos y no tan gratos ahí están. 

En estos días de guardar, con dos dedos de frente y algún grado de conciencia por lo que ha tocado vivir, cuando nos damos de cuenta de que estamos de paso y que el chiste no es vivir sino saber vivir, cabe preguntarse sobre el libre albedrío para elegir el camino en pos de una vida realizada.

Hace unos días en la sobremesa conjeturé que vivimos a medias en torno a nuestros quereres personales, en la infancia se moldea al niño por los padres, en la juventud se vive la ilusión de las rebeldías, y en la madurez se navega a velocidad de crucero sin la certidumbre de asegurar la llegada a buen puerto. Ese trayecto por supuesto supone que se vive en libertad y que se puede elegir, aunque nadie elige a los padres, y además existen hijos no deseados. 

Pero un buen día llega la mayoría de edad y con ello su condición de ciudadano con derechos y obligaciones, y si tiene opción de elegir los estudios tal vez es de los privilegiados que pueden bosquejar un proyecto de vida y carrera. Pero las vocaciones auténticas no necesariamente se manifiestan en tiempo y espacio, la persona en formación es conducida por el mercado de trabajo, “formar técnicos y profesionistas útiles a la sociedad” es la divisa, y entonces los años pasan y de pronto ya se fué un cuarto de siglo en el trayecto.

Como adulto novato habrá que tomar decisiones de vida, una crucial elegir pareja, con lo cual usted tiene que compartir su individualidad el resto de sus años, meses y días y noches. Y vendrán los hijos, y habrá que compartirse más. Pues si, salvo que usted haya elegido ser ermitaño. Agregue otras 25 navidades.

Supongamos ahora que media vida usted realmente no tuvo tiempo para quererse lo suficiente y pospuso ese viaje añorado, el carro imaginado desde su juventud, estudiar otra carrera, aprender a tocar algún instrumento musical, entonces sus listas de propósitos son reiteraciones de sueños pasajeros para volver a su modo de vida, el determinado por su origen, carga genética, mercado de trabajo y ambiente social. Otra vez a brindar con extraños y otra vez por los mismos dolores.

¡Ay, dolor, diciembre me gustó pa que te vayas!

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