Las mil y una anécdotas

ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero

2019-03-22

Salomón Beltrán Caballero

Que de qué tengo ganas, me preguntaba un amigo…  pero, sin esperar mi respuesta él empezó a externar; yo quisiera tomar de la mano a mi mujer y salirme del hogar sin tener remordimientos, por pensar que no cumplimos al cien por ciento con las necesidades de nuestros hijos; quisiera, incluso, olvidarme de todo, menos de mi persona y de mis deseos de ser feliz. Hizo una pausa y le pregunté: ¿Bueno y si ya sabes lo que quieres, por qué no lo haces? por qué una cosa es lo que yo quiero, y otra la que quiere mi esposa. Entonces ¿ella no está de acuerdo contigo? ¿No quisiera igualmente huir de situaciones estresantes, no quisiera descansar de la pesada responsabilidad de seguir velando por las necesidades, ya no digamos de los nietos, sino de  los hijos? Mi amigo se quedó por unos instantes meditando la pregunta, y luego, me contestó, que definitivamente, para hacer lo que él quiere, no podrá contar con su cónyuge, porque ella, aunque resienta los efectos del desgaste físico y mental, asegura que le gana lo emocional y acuñó como cierta  la frase de " Primero está la felicidad de los suyos, que la de ella”. Terminado de decirme lo anterior, me preguntó de nuevo: Y tú ¿de qué tienes ganas? A mí -le dije- me gustaría volver a enamorar a mi esposa, para que ella supiera que sigue siendo lo más importante para mí, para que sintiera, que mi mayor interés es cuidar de ella y amarla; quiero verla sonreír de nuevo, verla tener anhelos originales, desear algo para ella, quiero incentivar su motivación para que encontremos juntos soluciones a nuestros mutuos problemas, y pensemos con optimismo en el presente y hagamos planes para un futuro próximo, planes, en los que ella sea el centro de mis deseos y yo logre serlo para ella, y también deseo, que nuestros hijos puedan respetarnos y amarnos, no por el hecho de que seamos únicamente proveedores o satisfactores de sus necesidades, sino una fuente de sabiduría alterna de la que puedan retroalimentarse para encontrar respuestas a sus problemas existenciales. Quiero que mis nietos disfruten también de nuestra compañía, así como nosotros  disfrutamos la de ellos, aunque en ocasiones, conviertan la amada relación en una tiranía, y nos manipulen a su antojo, y sólo nos vean como proveedores de satisfacciones. Quiero poder sentarme en un sillón con todos ellos, para platicarles sobre la verdad de la vida, y dejen de evocar esa superficialidad que los invita vivir al día sin esperar ninguna experiencia que los estimule a ser mejores. Oye, -dijo mi amigo- Tú si sabes lo que quieres, y ¿por qué no lo haces? Pregúntaselo a mi mujer.

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