Un médico - paciente

ANECDOTARIO / Javier Rosales Ortiz

2019-03-24

Javier Rosales Ortiz

CD. VICTORIA, TAM.- Aunque ya le suplique al de arriba que apunte hacia otra dirección, no aparta su mirada y como una especie de castigo hace de las suyas y más aun en contra de quien procura hacer el bien, sin mirar a quien.

Fue inesperado y doloroso, pero de todo se aprende porque es una verdadera lección, que pone a prueba y que, a veces, reprueba.

Era un lunes por la madrugada y él cumplía con su horario reglamentario, cuando de pronto un fuerte dolor de barriga lo depositó en una cama en Urgencias del Hospital General de Ciudad Victoria, su área de trabajo.

Hasta allí llegamos Blanca –mi esposa- y yo, donde tendido en una camilla y casi todo amarillo hizo que uno se retorciera, porque no es común que un medico con experiencia ocupe el lugar de un paciente, que busca ese refugio para pedir auxilio.

 Mucho se podrá decir bien y mal de ese hospital de la capital de Tamaulipas y del sector salud, pero la verdad es que maniobraron con certeza, con seriedad y con una calidad que deja la boca abierta, porque a final de cuentas médicos y enfermeras son unos PROFESIONISTAS que le otorgan el valor real a cada una de las 14 letras que componen a esa prestigiada palabra.

Datos más, datos menos, el medico de casa fue operado de la vesícula, que se le complico con problemas cardiacos y respiratorios, pero la mano experta pudo más que un el intento del de arriba, quien tolera a los que mal se portan afuera, allá en la calle, y es implacable con quienes se visten con el uniforme que marca la profesión más humana que existe.

Digno es, anotar que fui testigo del tamaño de la calidad que caracteriza a las pláticas entre el paciente y sus médicos, quienes utilizan palabras de altura que solo ellos conocen y que hacen que uno peque de preguntón para sacudirse la terrible duda.

La operación de tres horas y media merece un diez de calificación, igual que la atención de enfermeras, anestesiólogos y camilleros, quienes se comportaron con el medico-paciente, como lo hacen con todo aquel que por necesidad pasa por sus manos.

Fueron docenas de médicos que se acercaron a su compañero en problemas y entre bromas y palabras serias transformaron a esos días pesados en pasables, menos dolorosos y más sencillos de enfrentar.

Y cómo no mencionar que el Hospital General Norberto Treviño Zapata sigue al pie de la letra la política humanitaria que marca el Gobernador, Francisco Javier García Cabeza de Vaca y la Secretaria de Salud, Gloria de Jesús Molina Gamboa, bajo la dirección de Héctor Leopoldo Díaz Guzmán Verástegui, un elemento recientemente incorporado que persigue el ejemplo de un prestigiado medico que también fue gobernante de Tamaulipas en 1957.

Justo es, también, lanzarle sonadas loas a los médicos Miguel Angel Trejo, Javier Sánchez Gutiérrez, Jorge Iván Cortina Beltrán, Jania Gutiérrez, Roxana Castillo, Xicoténcatl González Uresti, a la señora Marianela Calanda de Lastra y a las enfermeras Imelda Perales Olvera, Yazmín Portales y a Maria del Refugio Banda.

Porque con su trabajo ellos me movieron a que midiera el tamaño verdadero que significa de ser el padre de un médico, que nunca pensó que se iban a cambiar los papeles.

De parte de mi hijo Said Iván Rosales Galindo, de su esposa la doctora , Karina Lizbeth Villa López, de su vástago Sebastián y de mi esposa Blanca Estela Galindo Rivera.

GRACIAS, MIL  GRACIAS. 

Correo electrónico: tecnico.lobo1@gmail.com     

Derechos Reservados © La Capital 2019