Un Presidente predicador con prisa y sin pausa

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2019-04-28

Liborio Méndez Zúñiga

Para medio mundo interesado en la cosa pública, México tiene un verdadero fenómeno de la política en la personalidad de Andrés Manuel López Obrador, sin duda, un hombre fuera de serie, que en la tercera campaña conquistó la presidencia de la República, con un respaldo popular arrasador en las urnas. Desde endenantes sabíamos de sus orígenes, de sus modos y costumbres, con un perfil más de luchador social que de político convencional, pudiendo transitar entre partidos y además formar un movimiento popular con el nombre de Morena, palabra de honda raigambre entre los mexicanos, no solo por la portada de los libros de texto sino también por la Virgen de Guadalupe. Pareciera que el llamado exitoso del tres veces candidato presidencial, habría apelado de manera subliminal al pódium del maestro e incluso al púlpito del sacerdote, dos figuras por demás presentes en la memoria de los mexicanos, acostumbrados al profesor que profesa culto a las palabras y al párroco que predica el bien y la buena voluntad.

Lo anterior viene a cuento por las críticas y no pocas diatribas que se suscitan después de las conferencias mañaneras, que AMLO puso en práctica desde que fue Jefe de Gobierno en la capital del país, marcando incluso la agenda en los medios de comunicación. El Presidente ahora ensaya lances de confrontación directa contra sus detractores, que suman miles y tienen la mayoría de los medios de radio, televisión y prensa, además de los medios digitales, sí, esos que le echaron bola en sus campañas y que no impidieron que ganara.

En lo personal, me parece que un primer error y no menor de sus críticos, es ignorar la talla humana y dimensión social de AMLO, es decir, creen que pueden enjuiciarlo ignorando el mayúsculo capital de base social que lo llevó al poder, en un monumental despertar de conciencias de los millones de hombres y mujeres que ya Colosio había dicho que tenían hambre y sed de justicia. Los analistas, comentaristas, columnistas y editorialistas tratan de poner contra las cuerdas por sus dichos y frases a una persona sencilla vitoreada como El Peje, pero no atinan a descifrar la semántica profunda de un gran líder complejo que lo conecta con las masas en sus demandas de justicia social, ese sí el grave problema nacional, que amenaza todo lo demás en México. 

No entienden los críticos de AMLO que no lo entienden en su tesón por construir una presidencia dialogante, terca en su baluarte de denuncia de la corrupción, la madre de todas las causas del Estado fallido del prianismo neoliberal. ¿Es eso lo que defienden los voceros de los emisarios del pasado reciente? 

El Presidente tiene una investidura gracias al voto, y tiene un estilo personal de ejercer el poder y lo demuestran sus primeras acciones de gobierno con mano firme, cancelar el NAIM es un botón de muestra con un mensaje al mundo y sus otros dueños, que vaya que están tomando nota de quién manda en Palacio Nacional.

De modo que el Presidente hará lo que sabe hacer, predicar todos los días ante los ciudadanos que no leen, pero si escuchan directamente o indirectamente los asuntos de la vida nacional en la voz de quien mediante la palabra reitera y ratifica su ideario y sus acciones de gobierno para transformar a México.

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