Diferencias en familia

ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero

2019-11-05

Salomón Beltrán Caballero

He tenido diferencias de opinión con algunos miembros de mi familia, y en ocasiones, se ha llegado a generar un entorno incómodo, pero, más que molestarme el hecho, me da gusto, porque me ha permitido tener una mejor comunicación con ellos, y me ha enseñado a respetarlos sin tener que juzgarlos por su forma de ser, aunque  desearía que esto no influyera en la calidad de nuestra relación; por cierto, algunas veces, no resulta fácil manejar todos los temas que se exponen durante los encuentros, aunque se tenga suficiente conocimiento como para debatir, porque siempre te enfrentarás con la defensa de una razón, que más que sustentarse en evidencias firmes, se sustenta en apreciaciones personales, valores e intereses ideológicos poco afines.

En una ocasión, uno de mis parientes estaba vendiendo un auto, me interesé en comprarlo y pregunté el precio, pero, para mi sorpresa, no parecía interesado en la propuesta económica que le hice, de antemano sabía que el ofrecimiento era justo, porque había consultado unos tabuladores del costo de ese modelo, no pretendí sorprender a nadie; definitivamente no me lo vendió, incluso, sabiendo que lo necesitaba en verdad; siempre me quedó la duda sobre el por qué no se interesó en mi oferta, pues tengo entendido que el auto lo regaló.

Recuerdo también que unos familiares me pidieron les ayudara a vender una propiedad, les comenté que no tenía experiencia en bienes raíces y les recomendé a otra persona, pero insistieron en que yo fuera el intermediario; cuando salió un cliente, éste me preguntó sobre el precio de venta, le di exactamente el precio que pretendían los dueños, desechando la ida de que yo pudiera ganarme una comisión aumentando el monto de venta; el cliente me hizo una propuesta, que le consiguiera un mejor precio y él me daría la comisión, pero no acepté, pues se trataba de mi familia, pero el hecho me incentivó para buscar una mayor ganancia para los dueños y así fue con mucho, lo que ellos me agradecieron; después fui criticado por otros allegados a la familia por no haber querido sacar provecho de la situación, disgustándose conmigo por un buen tiempo.

Hace tiempo, cuando estudiaba mi carrera, lo compañeros que ocupábamos una casa, decidimos buscar una nueva opción, investigamos en el periódico y nos agradó la idea de  rentar un departamento seminuevo, nos fuimos a entrevistar con el dueño, nos presentamos con él y al percatase que éramos estudiantes, se negó de primera intensión a rentarlo, le insistimos tanto que decidió ponernos a prueba, nos hizo algunas preguntas y nos observaba con detenimiento cuando respondíamos y al término de la entrevista dirigiéndose a mí me dijo: se los voy a rentar, solamente que tú te hagas responsable por la conducta de todos, porque no quiero que destruyan mi propiedad; de entrada le dije que no aceptaba, pues como estudiantes que éramos nos distinguíamos por ser demasiado inquietos, por cierto unos más que otros; los compañeros me pidieron que aceptara, bajo la promesa de observar todas las reglas que nuestro futuro rentero nos puso y así fue; pero con el tiempo, las reglas se fueron flexibilizando y me era cada vez más difícil ejercer mi tarea de responsable; uno de nuestros compañeros, familiarizado conmigo se inconformó, alegando que todos deberíamos tener los mismos derechos por compartir en partes iguales la renta, pues deseaba hacer fiestas en el lugar y el edifico era familiar, y alegaba que yo era muy estricto con las reglas, las diferencias terminaron por separarnos por un tiempo.

Todos podemos, en un momento dado de nuestras vidas, tomar malas decisiones, pero el tiempo  nos irá ubicando a cada quien en el sitio que nos corresponde, más esto no debería influir para dejar de ser parte de la familia, porque así como los dedos de la mano son diferentes, los miembros de una familia suelen serlo.

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