Con la fe del CONAFE

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2019-12-14

Liborio Méndez Zúñiga

CD. VICTORIA, TAM.- Por los caminos del extensionismo tuve noticia de las misiones culturales, y por la lectura de Paulo Freire supe de la relación con la comunicación humana, de gran calado si hablamos de la educación en el mundo rural. Por la teoría crítica desde la óptica marxista se desnudó el modelo funcionalista de la comunicación, basado en el esquema simplista de fuente-mensaje-canal-receptor, en el cual el técnico era el emisor y el campesino el receptor obligado de sus mensajes o recomendaciones.

Fui divulgador agrícola en campo, en gabinete y en una estación de radio, fui docente e investigador del fenómeno de la difusión de innovaciones agrícolas, y ese conjunto de experiencias me fue acercando a la comunicación humana entre personas diferentes, y de ahí la necesidad del diálogo y la importancia de escuchar para comprender actitudes y costumbres de la gente del campo.

Por ello, cuando conocí el modelo de educación para adultos del entonces INEA, me hizo más sentido aquel librito de Freire titulado “Pedagogía del oprimido”. Alguien me sugirió aplicar a una convocatoria para prestar mis servicios en ese Instituto, fui a la entrevista con un psicólogo que levantó las cejas cuando vio mi pasado en Chapingo. Dios que lo haya perdonado.

En fecha reciente me asomé al modelo del Consejo Nacional de Fomento Educativo, el CONAFE. Primero por sus becarios, jóvenes que se enrolan para prestar servicios educativos por uno o varios años y luego optan por continuar sus estudios profesionales. En Gómez Farías un joven así lo hizo por tres años, luego fue a la Universidad y ya lleva media carrera. He tratado a Cristian Maldonado y me impresiona su bonhomía, transpira su experiencia como instructor comunitario en el ejido San José en pleno bosque de niebla de la Reserva de la Biosfera El Cielo. Quiere aprender más para saber más, para hacer más. Vio y sintió las vicisitudes de los niños sin escuela en la vida rural, cómo no darse cuenta de la trascendencia de la educación para la vida y el trabajo.

En la cabecera de ese municipio también prestan servicio los miembros de una brigada de capacitación a base de talleres y oficios, con grupos de jóvenes y adultos de las comunidades. Son maestros que también son itinerantes por los ejidos, con la vocación de servir a los que menos tienen, así sea bajo de un árbol.

Todos estos pensamientos y más, vinieron a mi mente cuando supe que un servidor público con experiencia probada llega a conducir los destinos del CONAFE en Tamaulipas. Se trata de un perfil con base académica, un biólogo de la UANL con maestría en el Colegio de Postgraduados y doctorado en la Universidad de Washington. Su hoja de servicios en el sector educativo representa una trayectoria con base a resultados, con desempeño en Tamaulipas, Coahuila, Oaxaca, Durango y algunas estancias en la capital del país. Como académico, fue miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Un hombre que lee, gusta de la buena música y además honra la lealtad y cultiva la amistad contrastando ideas con sus pares. Me quito el sombrero ante Felipe San Martín González, y hago votos por una fructífera y humanista nueva etapa del CONAFE, con la mística y con la buena fe de sus instructores comunitarios, esos que llegan a pie a las comunidades más apartadas para cultivar la mente de los niños y paliar rezagos de sus familias.

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