45 años de egresados.. y cantando!

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2019-12-20

Liborio Méndez Zúñiga

CD. VICTORIA, TAM.- A los miembros de la VIII GENERACIÓN (1971-1975) de la otrora gloriosa Facultad de Agronomía de la ex Máxima Casa de Cultura de Tamaulipas.

En el verano de 1971 nuestras vidas juveniles se encontraron en Ciudad Victoria, Tamaulipas, en la búsqueda de un proyecto de vida y carrera en la entonces prestigiada carrera de Agronomía de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.

Formábamos parte de esa generación de clase media que creía en la cultura del esfuerzo que significaba un título profesional y llegábamos plenos de entusiasmo a obtener la formación profesional. Debemos recordarlo, iniciamos esa carrera con 60 estudiantes de nuevo ingreso y cuatro años y medio después solamente 24 llegamos a la meta, y salida a correr la Maratón de nuestra vida futura.

Salvo Armando Azúa, Heriberto González y Cristóbal Guevara que se nos adelantaron, 21 seguimos en la carrera de la Vida buena, con nuestras familias, y seguimos sembrando, siempre sembrando, como el sembrador más raro que hubo en el monte.

Durante cuatro años y medio abrevamos en la cátedra de las ciencias agrícolas con teoría y práctica de nuestros maestros, algunos excelentes que dejaron huella por su don de gentes, conocimiento y experiencia. Como si hoy fuera ayer, recordamos algunas de sus expresiones y frases, pero más los gestos de comprensión y consejos que algunos nos brindaron y que atesoramos en nuestros corazones.

Estudiamos en un ambiente ordenado, con rigor de no pocos profesores, cuyas materias fueron decantando el grupo. Algunos desertaron y otros se retrasaron, pero pronto se consolidó el grupo maratonista que alcanzaría la meta. Pero también fuimos estudiantes exigentes que no aceptamos cualquier improvisado que nos hiciera perder el tiempo. Así fue como conocimos a ese genio de la Genética de maíces de temporal, el Dr. Abel Muñoz Orozco, sin duda, quien influyera en Artemio Nava para hacer carrera de profesor investigador.

Sin embargo, la estancia en la Universidad significa un cúmulo de experiencias de convivencia cotidiana que conforman nuevos grupos de referencia para la vida personal y para el trabajo profesional, en un ambiente de camaradería que a veces perdura por lustros y décadas.

Celebrar los aniversarios de graduación es una tradición que habla bien del valor de la amistad forjada durante los estudios, que como bien se sabe se combina con el deporte y la buena bohemia.

Formamos parte de un colectivo generacional pionero de nuestra Facultad, convivimos con la primera generación y nos acompañaron las siguientes seis, entre agosto de 1971 y diciembre de 1975.

En nuestra época dimos mucho de que hablar, nos tocó una vida estudiantil efervescente y prácticamente nuestro grupo integraba el equipo de beisbol, la insignia de nuestra generación en el campus universitario de la capital tamaulipeca. Por supuesto, tuvimos tres o cuatro futbolistas no menos brillantes y uno que otro jugador de americano.

Pero hablábamos de la amistad. Esa que casi se convierte en hermandad y que se acrisola incluso con el compadrazgo, más allá de compartir las aulas y el destino profesional ya como egresados. Tal vez algunos hasta en socios se convirtieron.

Algunos incluso estudiaron juntos la preparatoria, pero hemos de reconocer que fue la Universidad el crisol de la formación en una cultura de libre expresión y libertad de cátedra, en un trato de adultos en relación paritaria para ejercitar no solo la autonomía universitaria sino incursionar en la nueva ciudadanía que nos otorgaría el título universitario.

Asomarse a otros campos del conocimiento, particularmente las ciencias sociales, coadyuvó a reafirmar nuestra vocación de servicio y despertó inclinaciones futuras por el posgrado de algunos de nuestros compañeros. No solo tuvimos buenos deportistas, algunos de nosotros hicimos carrera en la docencia, la investigación y el servicio de la propia Facultad y otras dependencias.

Si, amistad basada en un gran compañerismo, ese que se cultiva curso a curso en el trabajo de equipos, formando grupos de referencia para toda la vida. Unos ya se conocían desde la prepa, otros se formaron en la Facultad, y permanecen.

Por eso hay cosas buenas que celebrar en los reencuentros generacionales, incluso el memorial de quienes ya no están con nosotros porque al fin y al cabo somos un poco parte de ellos. 

Cumplir 40 años de egresados ya contiene historias de vida de jubilados y colegas en retiro, pero debemos congratularnos de que hay colegas de esta generación que siguen en servicio o bien siguen activos en lo propio.

Una generación que además tuvo integrantes ya formados en carreras técnicas y con experiencia profesional, lo cual fue un ingrediente adicional al momento de las prácticas y el contacto con las instituciones del sector agropecuario; integrantes interesados y partícipes en la política estudiantil e incluso en la Asamblea Universitaria, sentando el precedente de abolir las planillas y sustituirlas por los consejos estudiantiles.

Que se sepa, seguimos siendo la única generación que tuvo como padrino nada menos que al Secretario de Agricultura, el doctor en ciencias Oscar Brawer Herrera, aquel 12 de diciembre en que además estuvo en el presidum el Gobernador Enrique Cárdenas González.

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