Vicente Guerrero y los traidores

DESDE ESTA ESQUINA / Melitón Guevara Castillo

2020-02-14

Melitón Guevara Castillo

Este viernes, muy temprano, se conmemoro el 189 aniversario luctuoso del General Vicente Guerrero; el evento cívico, realizado en su monumento, fue sencillo, pero muy significativo. Estuvieron las autoridades civiles, militares, estudiantes y liberales de la ciudad. El representante del gobernador fue el Secretario de Educación Pública Mario Gómez Monroy; por los liberales Nazario Barrón Villanueva expuso la biografía del héroe libertador.

Se pueden escribir una y mil palabras, o más, para ponderar la vida y lucha libertaria de Vicente Guerrero. Sin embargo, me quiero quedar con una expresión que dijo Barrón Villanueva: “doble libertador de México”, primero nos liberó de la opresión española al firmar el acta de independencia y luego encabezo la lucha insurgente que derroco al falso emperador.

Y murió, Vicente Guerrero, por una traición. Porque Picaluga, recibió sus 30 monedas y lo vendió, lo entrego a sus enemigos. Efectivamente, la vida y la historia de los pueblos, de los hombres que, con su lucha, su sangre, crearon y sentaron principios valederos, está llena de traiciones. Y, sin querer queriendo, uno se da cuenta que hoy en día, a muchos años, siguen existiendo los traidores a la patria, a sus principios, a sus ideales.

Basta revisar, paso a paso, la historia y la vida presente. Iturbide soñó con ser emperador y traiciono los principios libertarios basados en la república; luego, otros mexicanos, traidores, trajeron a Maximiliano de Habsburgo y lo fusilaron en el Cerro de la Campanas. Francisco I. Madero fue traicionado por Victorino Huerta.

Hoy en día, con el correr de los días, la 4T está castigado a traidores a los principios de Benito Juárez; porque se aprovecharon de su cargo, traficaron con el dinero del pueblo y hasta se lo robaron. No hicieron caso a la recomendación juarista de vivir con la medianía del sueldo de servidor público. 

Sexenios y sexenios traidores a los principios de responsabilidad, de honestidad y probidad, saquearon las arcas públicas, tanto del gobierno federal, estatal o municipal; a tal grado que, no recuerdo si fue Jesús Silva Hersong, quien acuño la expresión de “la familia revolucionaria” y de los “nuevos ricos sexenales”. Porque eso era, para muchos, el gobierno: la oportunidad de hacerse ricos, olvidándose del pueblo.

La historia registra, por ejemplo, que Enrique Peña Nieto presumió –en su momento-, una fotografía: el Presidente de la Republica y un conjunto de gobernadores (19), a quienes llamo, una nueva generación de políticos… y, al final del sexenio, obligado por las denuncias, las acusaciones, pero sobre todo por las evidencias de una ambición desmedida, buena parte de ellos terminaron en la cárcel o procesados.

De esos 19, se puede anotar los siguientes: Rodrigo Medina Mora, NL; Andrés Garnier, Tabasco; Cesar Duarte, Chihuahua; Javier Duarte, Veracruz; Roberto Borge, Quintana Roo… y, los tamaulipecos bien que sabemos que dos exgobernadore hoy están siendo procesados y en prisión. Fue, sin la menor duda, una generación que no se midió. Por algo, Karime Macías la esposa de quien fuera gobernador de Veracruz, en su diario apunto: merezco abundancia, merezco abundancia… como para convencerse de que, apoderarse del dinero del pueblo, era un trofeo a su ambición.

Los traidores a la patria están en todos los niveles y se manifiestan de mil formas: con acciones de corrupción, de ineficiencia o irresponsabilidad. Y son traidores porque no cumple con la ley, hacen caso omiso a cumplir, de manera correcta sus obligaciones o, tan simple, porque no las hacen con calidad o eficiencia.

Somos testigos de cómo, poco a poco, algunos exservidores públicos están cayendo o ya están cumpliendo con su castigo. Son culpables de no ser honestos; de dejarse llevar por la ambición y, además, de que en cierto momento, fueron tan vanidosos que, orgullosos de la impunidad que los protegía. Traicionaban a México, a su población y a los principios básicos, fundamentales, del buen vivir.

No basta exclamar, como Vicente Guerrero, que la patria es primero: es preciso hacerlo, evidenciarlo, en los hechos.

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