Pandemónium

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2020-03-15

Liborio Méndez Zúñiga

Desde hace siglos, en la medida en que los humanos tomamos conciencia nos damos cuenta de que vivir es peligroso para la salud. Desde antes de nacer, un porcentaje ya podemos traer tara genética, qué remedio, para ser más o menos propensos a enfermedades y eventualmente a todo tipo de infecciones o contaminaciones, destacando los acosos de todo tipo de microbios. Bueno, hasta puede uno llevarse a casa una enfermedad nosocomial, es decir del hospital o clínica donde nuestra madre nos trajo al mundo.

Si se nace relativamente sano, el hogar y luego la escuela son reservorios suficientes para poner a prueba todos los días el sistema inmunológico, sobrellevando gripas y todo tipo de contagios. Si usted es de los afortunados que resistió viruelas, sarampión y tos ferina, entonces fue sorteando las bacterias y hongos del ambiente y nuestros congéneres, así como millones de microbios virales no letales, pero sí latosos a punta de fármacos, sobreviviendo con salud física, porque la mental se cuece aparte.

Supongamos que se tiene cierto nivel de educación, y dinero, puede torear enfermedades y accidentes con los avances disponibles de la ciencias médicas, admitiendo que los sistemas de salud publica y privada a veces no tienen la cura para virus desconocidos y que ponen en jaque a la humanidad con las pandemias. La historia del cáncer, el sida y el ébola son ejemplos suficientes para que cundiera el pánico, aunque el mundo siguiera girando. Ahora el nuevo enemigo es el Coronavirus, que con el clásico humor latino ya dio tema para una cumbia, faltaba más.

Eso sí, presumimos la posmodernidad y celebramos la era espacial y del internet, sin olvidar la tecnología bélica, aunque estén muy lejos de los problemas básicos de la humanidad, alimentos, vivienda, y salud para todos, por ejemplo, calamidades en casi todos los países de los cinco continentes, donde millones subsisten en pobreza extrema, malnutridos y enfermos. Esos seres desgraciados por generaciones, cómo tener la higiene de lavarse las manos si solo pueden tener el vital liquido para beber y cocinar.

Recuerdo la respuesta de aquel niño potosino en el Huizache, cuando dijo que no se bañaba porque en su comunidad rural solo había agua para saciar la sed. Así respondió el infante con ojos lagañosos y surcos de sudor con polvo del semidesierto, al recibir unas monedas y la reprimenda de regañarlo por no bañarse. Muy distinto a la expresión socarrona de aquel viejo campesino tamaulipeco que después de oír al promotor de la salud sobre la importancia del aseo de manos, le dijo al final de su exposición, muy orondo: Disculpe, doctorcito, yo tengo setenta años, nunca me lavo las manos y ¡tampoco me he enfermado!

En relación a la suspensión de clases, vale la pena que las autoridades y padres de familia recuerden que al aire libre se pueden realizar actividades, es decir, el riego de contagio se reduce a la respetar la sana distancia de un metro o dos, por lo cual pueden aprovecharse todos los espacios abierto de escuelas y demás, como estacionamientos, canchas, estadios, parques y jardines, con un programa que atenderían los propios maestros para la activación física, caminatas, esparcimiento, charlas, fotografía, y sensibilización sobre los cuidados y recomendaciones de prevención y atención del coronavirus. Sentaría esta iniciativa un precedente en torno a la cultura de salud en casos de pandemia, ya que se vence la inercia del encierro y se afronta un problema de pánico con la sana actividad al aire libre.

Mientras tanto,  ¡Infórmese y cuídese!

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