La infamia de la infodemia

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2020-05-07

Liborio Méndez Zúñiga

No faltan pestes ruines derivadas de la pandemia: la Organización Mundial de la Salud acaba de acuñar un nuevo término a considerar para evitar la desinformación de buena o mala fe, abusando de chismes viles y chistes de mala leche, que medio mundo disque comparte desde su celular sobre noticias basura que no informan y sí confunden a la gente inocente e ignorante del uso adecuado de las redes.

Si usted es una persona con acceso a la computadora y el celular, y como yo no tiene las competencias básicas para usarlos, pero mal que bien recibe y envía mensajes sin pensar en las fuentes de información y sobre todo su base de conocimiento científico, no extraña que caiga usted en el nuevo habito de chatear sin resistir la tentación de replicar y compartir lo que le llegue día y noche, porque simplemente es la moda.

Oiga usted, hubo una época en que la dispersión de noticias en los pueblos la hacían los pregoneros, a velocidad de tortuga comparados con los modernos internautas. En los mentideros de los cafés, los dichos eran cara a cara, y había derecho de réplica y a dar manazos en la mesa para argumentar frente al osado que echaba mucha crema a los tacos. Además, no faltaba en la tertulia el más leído y de buen verbo que hacía las veces de moderador de los dichos y disparates de los amantes del café o mate, según el caso.

Esos tiempos de la comunicación en convivencia casi han desaparecido en las llamadas sociedades modernas, que ahora se reúnen en la mesa de casa, restaurante o el trabajo, y cada quien llega con su celular o tableta para no desconectarse de sus redes, que no del mundo, ya que sin dominar idiomas su interlocución solo será en español. Y aquí tenemos una causa grave de la enorme masa de población que se informa a partir de los medios locales y nacionales, que apenas tienen un dominio básico de la divulgación científica del momento, en este caso del mentado Covid-19.

Que los reporteros, editores, conductores y columnistas con más cobertura se conviertan en los “más enterados" y por tanto le den vuelo a noticias del contagio de una persona por su clase social o a un incidente de algún hospital o clínica, trivializando y magnificando los hechos, crea ambientes tóxicos de mensajes a los que la OMS denomina infodemia. Ave María Purísima.

Si la borrachera social quedara en palabras e imágenes que antes se llevaba el viento, ahora se quedan en el ciberespacio y hacen más daño, porque con el miedo los intereses del mercado encarecen los medicamentos y servicios, además del equipamiento hospitalario. Problema aparte es que así como todos somos especialistas en futbol, no falta la buena voluntad de recomendar remedios a pasto como si fuéramos al menos boticarios, sin control de lo que se ingiere ni posibles daños colaterales, con todo respeto para las infusiones de mi abuelita y la pomada de la Campana.

Por lo demás, la infodemia no se inventó con el Coronavirus de moda, viene de lejos, cuando se inventó la propaganda nazi, que descubrió que bastaba repetir mil veces una mentira para que se convirtiera en verdad. Luego la publicidad y las ideologías hicieron lo demás. Y agárrese porque ya se alerta sobre el avispón asesino. No le digo.

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