Tener miedo

DESDE ESTA ESQUINA / Melitón Guevara Castillo

2020-06-25

Melitón Guevara Castillo

Creo que todos, salvo excepciones, hemos tenido un miedo. Ese sentimiento, emoción o angustia que se siente cuando percibimos, notamos, pensamos, que estamos ante un peligro inminente. Peligro que tiene que ver, en todo caso, con nuestra integridad personal o el de nuestro patrimonio. Yo si he sentido, en más de una ocasión, miedo. Algún día les platicaré.

El miedo puede tener una y mil variantes. Miedo, por ejemplo, a perder la vida cuando tenemos un accidente; cuando estamos en una situación de un temblor o porque alguien, según el caso, nos puede amenazar con una pistola o un cuchillo. También tener miedo de caernos de un árbol o de un caballo. En fin, hay tantas y tantas situaciones.

MIEDO AL ÉXITO.

Uno de los miedos que más me he topado, a lo largo de mi vida, es el temor al fracaso. Hay quienes, de plano, están derrotados desde un principio, porque no luchan. Y este miedo se da en todos los estratos. Les cuento que, en estos últimos días, he estado en contacto con albañiles, maestros y ayudantes. Y uno de ellos, cuestionado, me comento: tiene más de 10 años siendo ayudante.

¿No has aprendido lo suficiente para ser maistro?, le pregunte. Si, si lo hago, a veces el jefe me da trabajos y ahí los hago, con su supervisión. Prefiere, por decir, seguir ganando 200 pesos por jornada en lugar de 3.50 o 400, o más si hace trabajos como independiente. Hace tiempo, un maistro no iniciaba un vaciado: ¿Qué pasa?, pregunto el patrón. “Jefecito, me da miedo, es mi primer vaciado”.

LA ADRENALINA

Hay otras personas que, en cualquier momento, requieren de una emoción fuerte. Lo observamos, somos testigos, en la práctica de los deportes extremos, donde el peligro es inminente. Ellos, quiero imaginar, no tienen miedo, es parte de su fortaleza, de su naturaleza. Pero no todos, en serio, no todos somos igual. Yo, por ejemplo, no me gusta ver películas de terror: prefiero de malos y policías, donde al final ganen los buenos… o dramas de la vida, que hacen llorar, pero no tener miedo.

A mi, en lo personal, me dan miedo las víboras. Con todo y que Noé Vargas, el ambientalista, sostenga que no hacen daño a menos que, vaya pues, uno las moleste. Incluso hace días vi imágenes donde Itzamná Galindo y Aldo Almaguer, después de buscar víboras, hasta se divierten tomándolas en sus manos y buscando el ángulo para fotografiarlas. En El Cielo, en Gómez Farías, tome una, pero porque vi como otras y otras lo hicieron. ¡No corrí riesgos!

MIEDO A MORIR.

Hay momentos que he pensado que la gente no tiene miedo a morir. Que no tiene miedo porque hace todo, menos cuidar su salud. Lo hace un hipertenso, un diabético, un obeso… porque no cuida su alimentación, no hace ejercicio e, incluso, hay quienes ni siquiera se toman las medicinas, con todo y que el ISSSTE o el IMSS se las entregue, religiosamente, mes tras mes.

Pero no, si hay un miedo a morir. Papá, por ejemplo, después que lo operaron del corazón dejó de fumar, porque el médico se lo prohibió; he conocido, otros casos, de que un accidente, o una enfermedad, son el detonante para un cambio completo de vida: dejar los refrescos, la cheve, los chicharrones, comer más frutas y verduras… Pero sobre todo, ya no correr riesgos innecesarios, como manejar cansado o en estado de ebriedad.

El covid-19 no pudo agarrarnos desprevenidos: inicio en China, luego llego a Europa y hasta el final a América. Con todo y eso, ya hay en México más de 20 mil fallecimientos; en Tamaulipas 331. Representa, para todos, un peligro inminente: ¿debemos tener miedo? Si, entiéndase, a un contagio. Pero ese miedo se disipa, se va, si actuamos con seguridad: cumplir con las disposiciones sanitarias, cuidar nuestra higiene, mantener la sana distancia.

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