De ciencia neoliberal, para el bienestar y otras utopías

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2020-06-27

Liborio Méndez Zúñiga

En mi colaboración anterior expresé mis opiniones sobre el tema de la ciencia y la tecnología, dado que en estos días nuevamente ha sido noticia el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia y Tecnología, cuya visión de país ha sido duramente cuestionada por los propios hombres y mujeres de ciencia del país. Déjeme le aclaro, que por mi parte celebro que por fin dicho Consejo esté en manos de una mujer, la Doctora María Elena Alvarez Buylla Roces, ecóloga evolutiva, es especialista en biología de los sistemas, formada en la UNAM y en Berkeley, California. 

Que los investigadores se quejen de que nunca se ha asignado un presupuesto suficiente para el desarrollo de un robusto sistema nacional (ojo) de ciencia y tecnología, esa es una canción vieja. Pero que levanten la voz en cuello científicos brillantes, para decir que los nuevos vientos del CONAHCYT amenazan la esencia de la academia pura y aplicada, con un esquema que prioriza las necesidades y la voz de los campesinos y de los obreros, eso si que llama la atención, porque pareciera que lo de investigadores neoliberales es inadmisible para está élite de la sociedad, que incluso en buen número se han formado en países del primer mundo, es decir, tienen visión global generar ciencia para el bienestar.

Vamos por partes, si lo que preocupa es el cambio de paradigma en el CONAHCYT, lo primero que debemos recordar es el origen de este organismo, en ese afán del echeverriato de legitimarse y congraciarse con los intelectuales y las universidades. Es decir, crear una Dirección General para ser interlocutora de los cerebros de izquierda o derecha que opinaban y tenían conocimiento científico, que los políticos de entonces no masticaban. Esa manera de buscar simpatías aún no calaba en los estudiantes cuando la pedrada recibida en la UNAM, pero tal vez algo tuvo que ver en la cooptación de neuronas para poner en el olvido la matanza de Tlatelolco. Si la ciencia era útil o no, ese no era la intención del CONACYT.

Es decir, la pequeñez del CONACYT de las décadas pasadas tiene que ver con un diseño  (pecado original) ajeno a una ciencia cercana a los problemas de los más pobres, ya que a fin de cuentas, se redujo al discurso de Arriba y Adelante, es decir, el modelo desarrollista impuesto por el exterior y acatado por los poderes locales cortoplacistas y obtusos, que hiciera a un lado los grandes problemas nacionales de la desigualdad posrevolucianaria, esa que se agudizó con el abandono paulatino del campo en la cual habitaba el 70 por ciento de la población, incluido el mundo indígena.

Y decimos que en el origen está el problema, porque si hablamos del modelo de sistemas nacionales, hombre pues el correlato natural del CONAHCYT sería el conjunto de universidades públicas de México, con partida parcial de los presupuestos federales y estatales, si en verdad se quisiera conformar un sistema robusto con capacidades científicas y tecnológicas para el desarrollo con sentido social. Me pregunto hasta dónde hay empatía y acuerdo entre Esteban Moctezuma y la Doctora Alvarez Buylla para lograr esa sinergia tan anhelada en el pasado, entre subsistemas que funcionan como ínsulas autosuficientes, en el archipiélago de la incultura científica que postula que la verdad nos hará libres.

Pero hay otro gran detalle, si usted revisa la razón de ser de las universidades públicas estatales, resulta que la población atendida en su mayoría es la educación media superior y superior de licenciatura, y el posgrado de calidad es un chipote en las nóminas de esas casas de estudio, ya que el nivel de profesor de tiempo completo se justifica por la carga horaria de docente no de la formación de investigadores. Haga de cuenta que en las universidades y tecnológicos hay también un CONACYT chiquito, y además desvinculado de los problemas locales, estatales y regionales, ni se diga de los nacionales.

La UNAM y el IPN, así como los Centros Públicos de Investigación, reciben presupuestos directamente aprobados por el Congreso de la Unión, y entre ellos juntos pero no revueltos tampoco alcanzan las capacidades institucionales para responder al problema de las crisis de la educación, la salud y la alimentación, para poner tres ejemplos del por qué se pretende dar un golpe de timón en el nuevo gobierno, con el cambio de paradigma de una ciencia elitista por una ciencia para el bienstar. Eso dicen los críticos al nuevo CONACYT.

Le pongo un ejemplo de mi gremio. Hace algunos años, el Director General del Colegio de Posgraduados, Dr. Jesús Moncada de la Fuente, decía ante los legisladores de la Comisión de Agricultura, que era necesario sumar e integrar las capacidades de la Universidad Autónoma de Chapingo, el Colegio de Posgraduados, el IPN y la UNAM, para atender las demandas de investigación científica y tecnología del campo mexicano, y digo yo, habría que sumarle el conjunto de CBTAS y Escuelas de Agronomía, para conformar un sistema nacional con cobertura en todos los municipios de México. Si el nuevo CONACYT por fin alcanza y rebasa el 1 % en gasto público federal, ahí tiene una propuesta que está archivada en el Congreso, con la cual podría hacer realidad la utopía de los Programas Nacionales de Ciencia Estratégica recientemente anunciados (PRONACEs).

Lo dejo a su consideración, su opinión es la que cuenta.

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