Sus teorías y mis realidades

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2020-07-12

Liborio Méndez Zúñiga

Ahora que la compleja realidad de la vida en pandemia nos obliga a otear el horizonte sin salir de casa, es decir desde el confinamiento, con la herramientas a la mano oteamos horizontes, sin mas consuelo que no hay mal que dure una centuria. Si tenemos libros a la mano, de repente buscamos el conocimiento de los expertos, para que nos iluminen sobre el fenómeno que no conocíamos nosotros pero que otros ya habían conocido en cuerpo y alma.

Desde las cavernas hasta los rascacielos contemporáneos, pasamos de los chamanes y las supersticiones a los científicos que buscaron desde la piedra filosofal hasta la vida en otros planetas, fracasando en la pesquisa de la vida eterna en la tierra, ocupación de la religión con la promesa de los cielos. Digo, hay de teorías a teorías, y si usted gusta échele una miradita al Pensamiento Complejo, pero tendrá que dejar las aguas tranquilas del conocimiento ordinario. Si no tiene esa posibilidad, ahora que se encuentre un posgraduado sin trabajo pregúntele sobre el tema.

El asunto es que la condición humana tiene en la ignorancia el reto mayor a vencer, si se aspira a la comprensión de la vida, desde que se nace hasta que se muere, para entender que los mundos particulares de los seres humanos son pedacitos del globo terráqueo y del universo. Es decir, darnos cuenta de que somos una vulnerable especie más en la compleja biodiversidad marina y terrestre. 

Semejante aserto, implica ir por la vida aprendiendo por ensayo y error, primero con asistencia de los padres, luego de los maestros, y más tarde de nuestros congéneres cercanos. Un buen día llega a nuestro modesto entender que además de algún Dios, hay un saber que se llama Ciencia y también la Filosofía. Si estos saberes están a nuestro alcance, asumimos que la búsqueda de la verdad implica elaborar teorías que nos expliquen el mundo y sus fenómenos, para acomodar nuestros pedazos de realidad a la Realidad Total.

Si usted como la mayoría de los ciudadanos mexicanos no fue a la Universidad, pero tiene sed de saber qué carajos está pasando, se preocupa por las teorías de cuanto hombre de ciencia llega a los medios masivos, y así tiene una idea de las cosas que afectan o pueden afectar su vida. Un buen día le dicen que los microbios existen aunque no se vean, y por eso es importante la higiene; otro día se entera de las enfermedades hereditarias, y aunque usted no sepa de genética molecular se pone a pensar en el asunto, si todavía es tiempo. Antes se enteró de la carrera para poner un hombre en la Luna, y se pregunta cuanta ciencia, teoría y tecnología, además del dinero, les costó a los rusos mandar a la perrita Laika de astronauta.

Todo lo anterior y más tiene que ver con las teorías de los científicos, que conforme da vueltas el mundo, y esto es literal, pueden influir en las decisiones de los gobernantes, para dominar la naturaleza y las realidades de los gobernados, es decir, administrar recursos generalmente escasos para poblaciones en condiciones de desigualdad social que no mengua. Esto nos lo grita el éxodo rural, el fenómeno de la migración y los desplazados que parecen haber llegado para quedarse, y ahora con el cambio climático rampante, esa nueva normalidad añorada de la extinción de las especies. 

Los científicos sociales, hace al menos un par de siglos que formularon teorías y más teorías, para explicar nuestras realidades, y alguno dijo que además de lo que se trataba era de transformarlas, y entonces nos dimos cuenta de los ismos: capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, con ejemplos muy dispares de países, porque la realidad real que medio entendemos es que lo que domina es el capital trasnacional, que no tiene patria. En esas pasamos de las guerras calientes a las frías y luego a las recalentadas, pero todas fratricidas. Una nueva teoría es que la guerra que viene es por el agua.

Y usted no da crédito a una verdad supina: O sea, que yo, vulnerable especie del planeta Tierra, soy un numerito en las estadísticas globales del Fondo Monetario Internacional, de la Organización Internacional para el Trabajo, de la Organización Mundial para la Salud, y etcétera, etcétera, cuyos cerebros y sus teorías deciden y “justifican” las políticas de apriétese el cinturón del mundo, mientras que el ciudadano común de Latinoamérica (pongamos por caso) sobrevive a expensas de pensamientos disque críticos y modelos cibernéticos para que las hormigas sigan trabajando en la interperie o hacinadas, desnutridas y sin agua potable, con ambientes laborales precarios, y sin asisencia social, por no hablar de pleno empleo y salario justo, la mejor política de bienestar, dice una teoría.

Harto de buscar respuestas, volteamos los ojos a los ancestros, convocamos a los abuelos en sueños, para indagar cómo es que vivieron sin teorías, sin expertos ni rascacielos, y usted se contesta lo pequeño es bello y todo pasado fue mejor, aunque no sean teorías sí son sus realidades, atento a la conseja de primero es comer que ser cristiano, la realidad real de los de abajo, que se demuestra con la praxis de que donde comen dos comen tres, pero llegó la cigueña... y eran triates.

Ya era de madrugada cuando estos renglones llegaron a la enorme verdad de sus pensamientos de que el mundo tiene que tener una buena teoría para funcionar parejo para todos y a propósito de la pandemia del odio entre conservadores y neoliberales, escuchó la sonora frase de un joven alzando el puño y un grito que cimbró las redes sociales: “Los trabajadores son los que mueven al mundo”

Ya más tranquilo, porque al fin escuchó una idea grande, y usted se dijo esa sí que es una teoría para transformar mi realidad, toma sus herramientas caseras y se pone a trabajar en ese trastero que tanto ha querido la dueña de sus quincenas. Allá ellos, los hombres de arriba de la cúspide de la pirámide de Maslow, otra teoría, con sus teorías, acá nosotros con nuestras simples manos, saberes y habilidades y con el sudor de la frente.

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