¿Quién se ha llevado mi empleo?

DESDE ESTA ESQUINA / Melitón Guevara Castillo

2020-07-24

Melitón Guevara Castillo

Todos, todos, tarde o temprano necesitamos de un trabajo. La vida y la experiencia nos han llevado, a unos y otros, a perder un empleo y a vivir la experiencia de buscar otro. Y en ese trance, la verdad, he visto a personas, amigos pues, que por una visión muy personal vivir un trauma, complicaciones en la vida familiar… hasta que entiende que tiene que cambiar.

Esta realidad que se intensifica con el covid-19, y su impacto en el aspecto económico, está presente en la vida de muchos mexicanos. Aquí cerca, en Victoria, hemos sido testigos de personas, amigos y familiares, que han sido afectados: que no tienen empleo y tiene, a partir de esa realidad, buscar opciones que le permitan sobrevivir, avanzar…  les conté, hace días, el caso de mi amigo que vendió su carro.

EMPRESAS Y GOBIERNO.

El empleo los generan en primera instancia la iniciativa privada y las instituciones gubernamentales. Un punto de partida es la vocación económica de las ciudades. Por decir, ciudades como Tampico, Altamira, Matamoros, Reynosa y Nuevo Laredo, son de índole industrial; otras, como San Fernando, Valle Hermoso y hasta Rio Bravo, por menciona unas, son de índole agropecuario. Y  Victoria, la capital tamaulipeca, el el gobierno, la universidad y los comercios es primordialmente de servicios.

Normalmente los gobiernos no generan desempleo, salvo coyunturas de austeridad como sucedió con la 4T. Las empresas cierran en tiempos de crisis económicas o, cuando hay otras circunstancias, como es el caso del covid, cuyo balance es significativo: en la entidad han cerrado 4 mil negocios; en la capital, los datos son: 1100 negocios cerrados, 27 mil empleos en el comercio y se arroja una pérdida de 5 mil millones de pesos.

ADAPTARSE Y CAMBIAR.

Uno de los retos que tiene que afrontar, vaya pues, la persona que pierde un empleo es el cambio, aceptar y adaptarse a la nueva realidad. Recuerdo el caso, hace tiempo, de un amigo, que en una reestructuración se quedó sin empleo en una entidad gubernamental. Primero vendió su carro, luego un terreno. No aceptaba ningún empleo, porque quería –en el nuevo-, un sueldo similar o aún mayor. Valoraba su experiencia y conocimientos. Al final, se fue al D.F., ahí trabajo 12 años y, en el inter, su matrimonio se extinguió.

Esa es la cuestión. Aceptar la nueva realidad y, a partir de ahí, iniciar un proceso de readaptación. Así, por ejemplo, les cuento que tres casos que he conocido de personas que se han quedado sin empleo: 1) Una señora perdió su empleo, su sueldo regular, ahora hace pasteles y su esposo los entrega a domicilio; 2) Un vecina, igual, así que ahora oferta antojitos para almorzar; 3) Un amigo, hace días, llego a mi casa con una muestra de un “mezcal”, me dice: pruébelo, si le gusta o no es malo, me dice: tengo el propósito de comprar y venderlo en la ciudad… ejemplos de cambio y adaptación, a la casa nadie ira a ofrecerte un trabajo, menos ahora que no hay.

¿QUIEN SE HA LLEVADO MI QUESO?

A finales del siglo pasado, un poco más de 20 años, se popularizo el libro: “Quien se ha llevado mi queso”, escrito por Spencer Johnson en 1998. Es historia, como fábula, que explica que debemos afrontar los cambios que se producen en nuestra vida, en pocas palabras, desprenderse de la energía negativa. Que es, a lo largo de la historia de la humanidad, uno de los grandes problemas relacionados con el cambio o la transformación: le inercia de negarse al cambio, el temor a salirse de una rutina.

Esa es la bronca con la pandemia y sus consecuencias: las personas que se ven afectadas tienen, necesariamente, aceptar la realidad y, a partir de ahí, adaptarse y emprender una acción: recuerden, no hacer nada es condenarse, por la inercia y el abandono, al fracaso. Hay que entender, en principio, que solo nosotros, nosotros, podemos darle un giro y un sentido a nuestra vida. Nadie, pero nadie, vendrá a decirnos cómo y con que hemos de salir adelante… La vida está hecha de oportunidades, es preciso verla y aprovecharlas.

Derechos Reservados © La Capital 2020