Corrupción, ¿podrá AMLO?

POLVO DEL CAMINO / Max Avila

2020-07-26

Max Avila

No sabemos (ni imaginamos), hasta dónde llegará el proceso contra Emilio Lozoya. Lo que sí creemos es que no sufrirá la vergüenza de pisar la cárcel.

Lo anterior deriva de la estrategia de su experimentado defensor, Baltasar Garzón Real, quien ha colocado una serie de retos a la justicia mexica.

Ya es público que el ex director de PEMEX no padece enfermedad alguna, y que su confinamiento hospitalario es privilegio solo otorgado a alguien que se supone, es pieza clave en el combate a la corrupción.

Por otra parte, no es fortuita la aparición mediática casi al unísono, de la presunta primera declaración del ex funcionario hecha ante las autoridades españolas…¿por qué y de parte de quién?.

Hecho que sin duda sorprendió a la Fiscalía General que ahora está obligada a tomar providencias para transitar por las arenas movedizas, que significan las diversas interpretaciones de la ley, incluso de orden internacional.

Lozoya podría quedar libre, si la justicia mexica es incapaz de aportar los argumentos necesarios a su culpabilidad. En este sentido las evidencias han de ser abrumadoras, es decir, sin la más leve sospecha de manipuleo o engaño.

El espectáculo se puede venir abajo, colocando al supremo gobierno en penoso ridículo no apto para los críticos tiempos que vivimos, ni justo para quienes apostamos al éxito final de la cruzada contra la ilegalidad política y administrativa.

En cuanto al juicio, Lozoya tendrá que probar todos sus dichos con la misma contundencia del escándalo público.

He ahí lo difícil. Y es que hasta ahora solo aparecen escenas dispersas y grotescas, de una película de ficción, sin argumento, ni guión, (aunque dirigida a una masa deseosa de distraer el aburrimiento causado por el encierro), donde los personajes se convierten en sombras apenas visibles, y otras veces en actores de aparición efímera y reparto especial.

No sabemos hasta dónde llegará todo esto, digo, pero de que los mexicas estamos confundidos, eso que ni que, al grado de no saber quiénes son “los buenos” y quienes “los malos”.

Falta transparencia, ya se ha dicho en este espacio, a pesar de las reiteraciones de AMLO en cuanto a que los nacionales tenemos el derecho a conocer la verdad…y nada más que la verdad.

Y no es que supongamos inocentes a EPN, Luis Videgaray, Pedro Joaquín Coldwell o al propio Lozoya, por el contrario, la opinión pública da por hecho su responsabilidad, pero habrá que demostrarlo. Es aquí donde está a prueba el sistema justiciero de la Cuarta Transformación.

“Una cosa es desearlo y otra cosa es otra cosa”, como diría el ranchero.

Si el principal acusado no  pisa la cárcel y sus declaraciones siguen sorprendiendo al gobierno, cuando surgen casi de la clandestinidad, ¿qué podemos esperar?.

Tal vez confiar en que al final se imponga la justicia y supere la difícil prueba. El camino para lograrlo está lleno de obstáculos. Hay demasiados intereses políticos, económicos y partidistas de por medio, según consta en la cantidad de declaraciones que ya son parte de este tortuoso escenario.

Justo por ello es probable que el caso del ex director de la paraestatal y todo lo que está atrás, signifique por si solo, el gran reto para concretar el más importante de los compromisos de AMLO. 

Sería el detonante de la conflagración que consumiría el edificio que alberga los restos de este mal que provocó la gran desigualdad entre los mexicas…la riqueza para los menos, la pobreza para los más, sin derecho a réplica, pero sí bajo el riesgo permanente de represión y violación de sus derechos elementales.

Si el Presidente lo libra, se convertirá en ejemplo mundial, de otra forma sembrará dudas por no colmar las expectativas de quienes votaron por un cambio verdadero.

Para cualquiera de las dos partes, el resultado será de extraordinarias consecuencias…¿triunfará el bien o el mal?.

Ahora sabemos de la dificultad para enfrentar la corrupción a pesar de la fuerza institucional. Y es que en algunas circunstancias no bastan los discursos, ni funcionarios honorables, cuando el régimen neoliberal tejió fino para escapar de la justicia, para decirlo pronto, construyó todo un sistema de escondrijos para ser utilizados por quienes están convencidos de que el poder público es la forma más expedita de lograr riqueza.

Se trata de una telaraña de túneles siempre a la disposición de los transgresores de la ley. Algo así como un patrimonio de la ilegalidad, desde luego incompatible con la moral republicana.

¿La Fiscalía General está capacitada para enfrentar y salir victoriosa de esta clase de trampas?. Es la pregunta obligada al considerar que a casi veinte meses de gobierno, todavía no hay signos de victorias relevantes, tal vez casos aislados (los de Rosario Robles, Juan Collado y otros menores), que ni siquiera son líneas definidas del más elemental boceto justiciero.

Queda claro que el combate a la corrupción va demasiado lento, tanto que el régimen de la 4T aún no logra trepar al escalón más alto para cumplir la promesa de barrer de arriba hacia abajo.

Y ni modo que sea invento.

                                   GENOCIDAS A LA BASURA

Un movimiento toma fuerza, sobre todo en Latinoamérica. Es aquel cuyo objetivo es desaparecer símbolos de ignominia alguna vez considerados héroes, libertadores y en su caso, “excelentes” gobernantes, pero que a juicio de la historia y sus víctimas, fueron genocidas, es decir, asesinos de población inocente.

En algunos lugares, caen estatuas, borran nombres de ciudades y del pasado.

Ahora existe la certeza que le esclavitud, por ejemplo, fue la más estúpida irracionalidad que pudieron concebir naciones “desarrolladas”, para avanzar en la acumulación de capital.

En el caso de México, el columnista considera que son las circunstancias ideales para que dicho movimiento tome fuerza.

Es hora de destruir la leyenda blanca de Hernán Cortés y de todos los invasores que a sangre y hierro destruyeron la cultura original para imponer la hipocresía y la mentira… situarlos en la categoría que les corresponde, es decir, la de criminales de lesa humanidad.

Destruir también sus monumentos y todo aquello que signifique honor o pleitesía a la barbarie…desterrarlos de la memoria histórica y arrojarlos a la basura, como forma de que las nuevas generaciones conozcan la realidad que vivieron los pueblos antiguos en manos de tales y feroces asesinos.

La intención debiera alcanzar también a genocidas modernos como Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría…y ojalá quede espacio suficiente para los corruptos del neoliberalismo.

En síntesis, es buen tiempo para escribir la historia verdadera de México.

SUCEDE QUE

En los días del Pacto por México que sirvió de base a las tristemente célebres “reformas” estructurales, formaban parte de la “famosa” 62 Legislatura al Congreso de la Unión, estos tamaulipecos. 

Glafiro Salinas Mendiola, Humberto Armando Prieto Herrera, José Alejandro Llamas Alba, Carlos Alberto García González, Marco Antonio Bernal Gutiérrez, Enrique Cárdenas del Avellano, Rosalba de la Cruz Requena, Marcelina Orta Coronado y Germán Pacheco Díaz. 

Ahí se los dejo, “por si de algo sirve”.

Y hasta la próxima.

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