Tablets, niñeras modernas

MIRADA DE MUJER / Luz del Carmen Parra

2020-07-27

Luz del Carmen Parra

Hace algunos años, era muy común observar en medio de las familias tradicionales, económicamente solventes, a una persona dedicada especialmente a atender las necesidades de los más pequeños (la nana, o la niñera le llamaban), era responsable de cuidar a los bebés, de alimentarlos a las horas indicadas, de bañarlos y vestirlos, de cambiar sus pañales y ponerlos a dormir la siesta, estableciendo con ellos una relación emocional  muy cercana que les daba confianza y  seguridad, en tanto sus papás atendían sus compromisos laborales o sociales. 

Entre otras cosas, era su obligación sacarlos a pasear, a jugar en los parques, a enseñarles a andar en bicicleta, en una palabra, a estar muy cerca de ellos, escucharlos y acompañar su curiosidad; responder con paciencia de santo, las incontables interrogantes propias de su edad, en una palabra, desarrollar su creatividad al máximo para mantenerlos ocupados. 

Hoy en día, las parejas modernas donde ambos trabajan, han encontrado en las estancias infantiles una opción para dejar en custodia sus hijos en tanto cumplen con su jornada laboral, confiados en que son atendidas todas las necesidades de sus pequeños hijos. 

El problema empieza justo al cruzar la puerta de regreso a casa. Cansados y deseosos de un poco de paz, sólo atinan a dejar a los niños frente al televisor o ponerles en sus manos el celular (niñeras modernas), para lograr entretenerlos. YouTube está lleno de videos específicamente diseñados para cautivarlos y los papás están prestos a proporcionárselos con tal de que dejen de llorar o de reclamar su atención, y poder disponer de tiempo para atender las tareas del hogar o cumplir con las exigencias laborales, especialmente ahora que se ha hecho necesario trabajar desde casa. 

Encuestas resientes revelan que 92.2 % de los niños de 1 año de edad ya han utilizado un dispositivo móvil; algunos empiezan más temprano, desde los 4 meses de nacidos, en cuanto logran fijar su atención. 

Muchos padres incluso se enorgullecen de la habilidad de sus bebes para manejar dispositivos. Ven cómo sus hijos conocen los animales, aprenden los colores, pero no se dan cuenta de los aprendizajes y las experiencias que están dejando de adquirir y como el móvil está remplazando el contacto físico, el uso de la palabra y los juegos de crianza, con dolorosas consecuencias para el futuro de sus hijos. 

La madre Teresa de Calcula decía que «La mayor enfermedad hoy día no es la lepra ni la tuberculosis, sino más bien el sentirse no querido, no cuidado y abandonado por todos». Lo más triste es que ahora este sentimiento empieza a ser aprendido desde muy pequeños. La atención y los juegos son proporcionados por una niñera que no siente, no ríe, no llora, no consuela, no mima.  Su atención se mantendrá ocupada en una serie de imágenes desconocidas, llenas de brillo que cambiarán a una velocidad extrema, generando daños a su cerebro y a su conducta futura.  

En el aprendizaje diario, los niños necesitan tocar las cosas, sacudirlas, tirarlas y lo que es más importante ver las caras y oír las voces de aquéllos que más quieren. Las aplicaciones les pueden enseñar a puntear, tocar y a pasar los dedos por la pantalla, pero a esta edad temprana necesitan establecer vínculos emocionales estables con sus padres, sentirse amados y protegidos, eso les permitirá más tarde relacionarse sanamente con los demás. 

Gatear, tocar, probar, sentir, oler, eran los principales medios de conocer el mundo. Nada evitaba que el bebé estableciera un contacto directo con el entorno que le rodeaba. Eran tiempos en donde los papás podíamos darnos el lujo de disfrutar de nuestros hijos. De acompañarlos en su curiosidad insaciable. De cuidar lo que se llevaban a la boca, de consolarlos ante un descalabro, de arrullarlos al dormir y proporcionarles caricias y sonrisas al bañarlos. 

No se trata de estar disponibles 24 horas 7 días a la semana, porque esto, a veces, es imposible. Sino de buscar tiempo de calidad para pasar con los niños. Es en esos espacios donde los padres pueden poner todos sus sentidos y poner en práctica toda su creatividad a través de juegos y mimos que les hagan sentir cuánto se les quiere.  

Esto les permitirá crecer en un ambiente de confianza y seguridad. Les enseñará a dar y recibir amor, a ser empáticos, a compartir, a relacionarse con los demás sin necesidad de exigir atención, de reclamar lo que por derecho les corresponde.

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