Hagámonos cargo

MIRADA DE MUJER / Luz del Carmen Parra

2020-08-04

Luz del Carmen Parra

Vivir al cien, a diario, representa sin duda uno de nuestros mayores retos, y en medio de la incertidumbre que nos rodea, reclama de toda nuestra atención. No podemos poner en manos ajenas nuestro bienestar y nuestro futuro. Es necesario asumir con responsabilidad el llevar a buen puerto nuestra vida y continuar con nuestros planes y proyectos a futuro. 

Desde el primer instante de la vida, aprendemos a luchar por nuestra existencia. No resulta fácil respirar por nosotros mismos y, sin embargo, tenemos que hacerlo, pues de ello dependerá que podamos sobrevivir en un ambiente al que tendremos que adaptarnos, y es exclusivamente tarea de cada uno animarse; el mayor esfuerzo deberá ser nuestro. 

¿En qué momento dejamos de atender personalmente todo lo relacionado con nosotros?  ¿Cuándo empezamos a delegar lo que siempre debió ser parte esencial de nuestras tareas diarias? ¿Cuándo evadimos responsabilizarnos de las consecuencias de nuestros actos? Y lo más nefasto, ¿cuándo elegimos culpar a los demás de lo que nos sucede?   

Es normal que de niños buscáramos el amparo de nuestros padres y en muchas ocasiones fueran nuestros hermanos o amigos, los que resultaran dañados por evadir nuestra responsabilidad, en hechos que se salieron de control y nos asustaron. Pero al pasar de los años y llegada la edad adulta, nada justifica que carguemos a los demás las consecuencias de nuestros actos. 

Construimos nuestro camino en base a las decisiones que tomamos, y nos guste o no, somos los responsables de la vida que llevamos. De cómo nos sentimos, vivimos y nos relacionamos; forma parte de nuestra esencia única. Si pensáramos más en esto, probablemente, muchas de las cosas que hacemos no las haríamos. No haríamos algo porque lo hace todo el mundo, ni por quedar bien con alguien, pero en muchas ocasiones automatizamos nuestras acciones en base a si están permitidas y si están bien vistas por los demás, sin considerar si hay algo en beneficio nuestro. 

Perdemos la brújula de nuestro destino y luchamos por cosas sin sentido. Empezamos a caminar a la deriva con una máscara que oculta nuestra verdadera dimensión humana, porque no supimos en qué momento soltamos el timón y cedimos el rumbo de nuestro viaje, eligiendo la posición del pasajero. 

Esto que aparenta ser muy cómodo, en realidad nos muestra una clara dependencia de los demás y nos convierte en seres pasivos, sin voluntad propia, que renunciamos a nuestra libertad por el miedo a tomar riesgos y actuar con responsabilidad. Tal vez nos resulte oportuno de momento no pensar o reflexionar, pero no es perder el tiempo analizar las posibles soluciones que reclama una toma de conciencia, saber a dónde vamos y mantener el curso, si aún es lo que deseamos o, si las cosas han cambiado y necesitamos voltear hacia una nueva dirección. Tomar decisiones implica mucho compromiso y asumir el riego de equivocarnos, pero nos evita cargar las consecuencias de las decisiones ajenas. 

No se vale vivir echándole la culpa a los demás por decisiones equivocadas que tienen repercusiones en nosotros, cuando no hemos sido capaces de tomar en nuestras manos las posibilidades que teníamos enfrente y cedimos a otros nuestro derecho a decidir, quedándonos insatisfechos, frustrados, ansiosos y lo peor de todo, sintiéndonos fracasados. No se vale vivir a la deriva dejando nuestro destino en la incertidumbre, cuando podemos ser los constructores de proyectos, los hacedores de realidades que nos llenen de satisfacción. 

Necesitamos un instante de recogimiento para descubrir dentro de nosotros mismos que queremos hacer con el resto de nuestras vidas. No importa el punto en el que nos encontremos en este momento. Sea cual sea, podemos rectificar el rumbo. Aprendamos a través de la conciencia de sí mismos, a sacar provecho de nuestras habilidades, de nuestras capacidades de pensar, sentir y de expresarnos con libertad y autonomía; dominemos una forma de ser responsables, siendo líderes de nosotros mismos, para tener salud emocional y lograr el éxito en nuestros emprendimientos. 

No esperemos de los demás a que tengan tiempo. A que tengan ganas de escucharnos, a que quieran acompañarnos, a que nos resuelvan nuestras dudas. A que llenen nuestras carencias emocionales. Aprendamos a caminar de pie, sosteniéndonos en medio de nuestras dudas y nuestros errores. Descubramos cada día de lo que somos capaces; disfrutemos de nuestros aciertos y cultivemos las ganas de seguir intentando.  Encontremos que nos motiva a esforzarnos en momentos de prueba y si es necesario, volvamos a empezar y asumamos de una vez por todas, con valentía, la responsabilidad de nuestras vidas. 

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