La libertad de decidir

MIRADA DE MUJER / Luz del Carmen Parra

2020-09-01

Luz del Carmen Parra

En España desde hace varios siglos se revive la tradición de una peregrinación de origen cristiano que, partiendo de diversos puntos de la geografía europea, tienen en común el objetivo de llegar a la tumba del Apóstol Santiago, situada en la catedral construida en su honor, en Compostela, en la región de Galicia. Dicen los que saben, que para finales de la década de 2010 era tan extensa la red de caminos, que contaron en su haber 286 rutas, que en total recorrían más de 80 000 km, saliendo de 28 países. 

Narran los historiadores que cada año cientos, miles de peregrinos, hombres y mujeres por igual, jóvenes y no tan jóvenes, no solo de España, sino de toda Europa, recorren ese itinerario, cada uno eligiendo la ruta a seguir, cada cual, sosteniendo un motivo, sembrando a su paso numerosas manifestaciones de fervor, de arrepentimiento, de introspección;  hay quienes toman la decisión de realizar a pie, partiendo de un punto específico ya en España, la travesía de cientos de kilómetros, disfrutando del paisaje y de la hospitalidad de los pobladores que salen a su encuentro, antes de cruzar el umbral del hermoso templo sagrado. 

Muchos de esos viajeros coinciden en que su gran motivación es de tipo espiritual, otros afirman que su afán es tan solo de encontrarse a sí mismos, de reflexionar en soledad, disfrutando de las maravillas de la naturaleza, tratando de encontrar respuestas a sus interrogantes y poniendo a prueba su resistencia física. Cada uno decide como hacer el recorrido, solo, en grupo o en pareja; a paso rápido, o a paso lento, tomando su tiempo para descansar de vez en cuando o hay quienes se permiten cantar al viento o llorar a campo abierto. Cada uno sigue su propio ritmo, no se compite con nadie y se practica mucho el diálogo consigo mismo, para explorar nuevas formas de crecimiento interior. 

Igual que los campeones de ciclismo, en los momentos decisivos del cierre de la carrera no necesitan voltear a ver dónde vienen sus compañeros de viaje; si se adelantaron o se retrasaron. Solo basta con mantener el paso y seguir la línea trazada, y vencer el cansancio y el agotamiento. Mantener la concentración hasta el final. La lucha es consigo mismo, el objetivo es llegar, satisfechos de haber dado lo mejor.

También nosotros debemos decidir qué camino seguir. Todos los días tomamos decisiones importantes. Que queremos hacer de nuestra vida. A dónde y por dónde nos dirigimos, teniendo frente a si tantas posibilidades como opciones podamos imaginar. Pero ¿realmente somos nosotros los que asumimos los retos impulsados por nuestras propias motivaciones, o estamos condicionados buscando el reconocimiento y la aceptación de los demás? ¿Hasta dónde cedemos, renunciando a lo que realmente deseamos? ¿Qué queremos demostrar?  

Ubiquemos la competencia con nosotros mismos; ni más ni menos, cada quien, con su propia batalla, cada quien, con sus objetivos, no hay por qué correr la carrera de otros, vivamos nuestros propios sueños, disfrutemos el camino cayendo y levantando, aprendiendo a conocer nuestras fuerzas y nuestras debilidades; convirtámonos en el punto de nuestra atención, de nuestro crecimiento. 

Descubramos todo lo que somos capaces de hacer, poniéndonos frente a nosotros retos que nos exijan dar lo mejor, de reconocer y aceptar nuestras propias limitaciones para no desperdiciar el esfuerzo en vano, pero también aplaudamos nuestros grandes aciertos, todo aquello que nos da identidad, que nos hace ser únicos e irrepetibles. Tengamos imaginación para desarrollar nuestra creatividad y asumamos el compromiso de no traicionar nuestros ideales. No cedamos nuestra voluntad en el afán de sentirnos amados y reconocidos. 

Tracemos nuestro propio destino sin imitar a nadie, porque correríamos tras la satisfacción de necesidades ajenas, no busquemos lo que otros necesitan, lo que otros tienen por meta; no fijemos nuestros ojos en las ambiciones de quienes se asumen como triunfadores, ni terminemos envidiando lo alcanzado por ellos; no corramos tras objetivos que nos exigen habilidades que no tenemos. Evitemos por todos los medios convertidos en copia de un triunfador, o caer en manos de manipuladores. 

Tenemos todo para elegir nuestro propio camino. Alguien me dijo, hace muchos años, que en la vida siempre había dos opciones que se bifurcaban infinitamente. Decidamos por nosotros mismos. Asumamos riesgos. Tenemos frente así miles de posibilidades.  Tracemos nuestro propio camino y convirtámonos en nuestro reto a vencer. No hay necesidad de envidiar nada a nadie. Cada quien tiene lo suyo. Enfoquémonos en multiplicarlo. 

 

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