Exigencias empresariales para AMLO

UTOPÍA / Eduardo Ibarra Aguirre

2020-11-22

Eduardo Ibarra Aguirre

La 48 Convención Nacional del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas resultó una excelente fotografía de las exigencias de los dueños de México generalmente expresadas por medio de sus voceros, como Luis Niño de Rivera, presidente de la Asociación de Bancos de México –gracias a Ricardo Salinas Pliego, el segundo magnate más acaudalado de México aunque Elektra debe al fisco 18 mil millones de pesos–, quien aseguró que en el país hay recursos disponibles por alrededor de 50% del producto interno bruto.

Niño de Rivera hasta desglosó los “recursos disponibles”: Sólo las Afore –recursos de los asalariados–, tienen 3.4 billones de pesos; los fondos de inversión privado, 2.6 billones; y la banca comercial, 6.7 billones de pesos.

Pero, siempre hay un pero en tratándose de los dueños de México –el presidente Andrés Manuel lo matiza: “Los que se sentían dueños de México”, lo son y exigen ser tratados en consecuencia–, el representante de los banqueros juró lo obvio, “los capitales van a lugares donde hay certidumbre y confianza, lo cual por ahora no sucede en México”. El capital no tiene patria y lo desplazan a los países donde se reproduce más rápido y mejor. Esto es sabido hace 175 años.

Forman parte de la foto del jueves 19, víspera del 110 aniversario de la proclama para la Revolución mexicana, las formulaciones de Antonio del Valle Perochena, presidente del Consejo Mexicano de Negocios, la crema y nata del gran capital, quien pidió certeza al gobierno, de manera que las reglas de juego que se decidió aplicar ya no cambien. “Es muy importante fortalecer el Estado de derecho”.

En el caso de Del Valle, es de observarse cómo los verdaderos magnates son más cuidadosos en sus exigencias, mientras que los voceros o empleados no miden su verbosidad. ¿Quién en su sano juicio está en contra del fortalecimiento del Estado de derecho? Nadie, el problema estriba en qué es, cómo aplica y al entrar a los asegunes puede convertirse en Estado de derecho para las mayorías que viven estrictamente de su trabajo y en Estado de los chueco para la cúspide de la pirámide socioeconómica.

En tanto que para Carlos Salazar, del Consejo Coordinador Empresarial, la palabra clave es certidumbre, pues esa es la única forma de fortalecer la confianza y, por tanto, la colaboración entre gobierno e iniciativa privada. “Nos falta certeza para aumentar la confianza y la colaboración, sin eso, México seguirá siendo el país del potencial y no de la realidad”. Salazar y la mesura que lo distingue comparativamente con Niño de Rivera, a quien a duras penas lo saludaron en Palacio Nacional la última vez que lo invitó Obrador junto a una decena de lideres empresariales.

Un poco menos críptico como en los tiempos del Revolucionario Institucional y el PRIAN saqueando al país desde Los Pinos, fue Ángel García-Lascurain Valero, presidente del IMEF, al decir que actualmente las reglas del gobierno no son claras para los inversionistas, por lo que se debe trabajar en mejorar la confianza.

¿Cuáles reglas quieren? ¿La subcontratación laboral? ¿Que no molesten a las factureras? ¿Que el Estado mexicano pierde cada año 9 mil 67.4 millones de dólares porque las trasnacionales transfieren sus ganancias a paraísos fiscales a fin de ocultar las ganancias que realmente obtuvieron en México?

La sociedad ganaría y mucho si los voceros empresariales fueran precisos en sus exigencias. Podrían lograr partidarios y aliados en una sociedad que no los observa con simpatía y menos aún respeto, salvo su mejor opinión.

Mientras tanto es plausible que en diciembre el sector privado presentará un nuevo paquete de proyectos que se sumará al que anunció en octubre pasado y que en conjunto sumarán alrededor de 2% del PIB de México. Es nada frente a lo que blofea el líder de los banqueros.

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