Trump, el realismo político y las ratas

UTOPÍA / Eduardo Ibarra Aguirre

2021-01-10

Eduardo Ibarra Aguirre

A nueve días de que Donald Trump abandone la condición de presidente de la todavía potencia militar número uno del planeta, mas ya no tanto en el plano de la economía, la innovación tecnológica y menos aún del comercio, avanza la propuesta para el proceso de destitución o impeachment –por segunda ocasión en un año, cuando fue indultado por el Senado–, debido a que el magnate inmobiliario incitó a la violencia contra el gobierno para subvertir su derrota electoral. Y afirma que puso “en peligro grave la seguridad de Estados Unidos… amenazó la integridad del sistema democrático, interfirió con la transición pacífica del poder” y demostró que “permanecerá siendo una amenaza a la seguridad nacional, la democracia y la Constitución si le es permitido permanecer” en su puesto.

Nancy Pelosi, la reelecta presidenta de la Cámara de Representantes, es la abanderada de la idea y el mecanismo para mandar a casa y sin derecho a presentarse en la boleta presidencial de 2024 –este es el verdadero objetivo–, de la propuesta y de sus crecientes apoyadores contra el que hace cuatro años fue investido como presidente con la mayoría de los votos del Colegio Electoral, pero no los de los ciudadanos que optaron por Hilary Clinton holgadamente.

Mas el sumamente antidemocrático sistema electoral así lo establece y ahora es claro que ya dio de sí, está agotado igual que el sistema político, sus instituciones fueron incapaces de procesar las profundas diferencias políticas asentadas en una profunda polarización social. Vamos, ni siquiera previeron, o no quisieron hacerlo, a los “terroristas domésticos” (Joe Biden, dixit) que el miércoles 6 pusieron a temblar a la clase  política y las severas limitaciones de sus liderazgos y legisladores que se reeligen eternamente.

Y todo ello a pesar de que Trump anunció al comenzar la contienda formal que se reservaba el derecho a reconocer los resultados y sus huestes divulgaron una y otra vez en las redes sociales el comienzo de la “revolución anticomunista”. La misma Oficina Federal de Investigaciones está sorprendida de la inacción previa de los cuerpos de seguridad del Capitolio, pues desde hace tiempo la FBI declaró que “las agrupaciones supremacistas blancas representan una de las mayores amenazas a la seguridad pública” de EU.

Por lo anterior es posible afirmar que el “dejen hacer, dejen pasar” fue, salvo demostración en contrario, una conducta deliberada para colocar a Trump, su gobierno y aliados en la delicada situación en que se encuentran, aunque se resisten a asumirla con realismo. No otra cosa significa uno de los últimos mensajes que envió por las redes sociales de las que ya fueron retiradas sus cuentas por disposición de sus censores plutocráticos. En él prometió a sus fanáticos (supremacistas blancos, anticomunistas, neonazis, antinmigrantes y creyentes de las teorías de la conspiración) que “nuestro increíble viaje apenas está iniciando”. Vea usted el cartón  Hernández:

https://www.jornada.com.mx/2021/01/10/index.php?section=cartones&id=0

De acuerdo con el corresponsal David Brooks, hay indicios de que la medida sería apoyada por los 17 republicanos que se necesitarán para expulsarlo del poder. E incluso si el proceso para el impeachment se extiende más allá del 20 de enero, fin del mandato de Trump, si es declarado culpable le sería prohibido asumir un puesto federal de por vida. Donald John indicó varias veces a sus seguidores que está preparando su regreso a la Casa Blanca en 2024. De eso se trata, pues.

“Lo quiero fuera”, dice la senadora republicana Lisa Murkowski. Las ratas huyen despavoridas cuando el barco se hunde. Pero que no olviden los 70 millones de votos que obtuvo Trump, porque sería otro gran error de cálculo.

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