¿Por qué hay malos gobernantes?

DESDE ESTA ESQUINA / Melitón Guevara Castillo

2021-03-23

Melitón Guevara Castillo

Cuando se indica que hay un malo gobernante, o que fallo un gobierno, o que con cierta frecuencia se dice que tenemos malos gobernantes, la justificación para unos es echarle la culpa al pueblo, ese que AMLO dice que es bueno y sabio: “tenemos el gobierno que nos merecemos”, se repite una y otra vez. Yo creo que, esa no es la óptica; es como el vaso de agua: para unos este medio lleno, para otros, medio vacío.

¿El pueblo es culpable de los malos gobernantes? Yo creo que no, porque el pueblo no determina quienes serán los candidatos. Efectivamente, esa decisión es de los partidos políticos; y, dentro de ellos, bien que sabemos, hay una mafia o camarilla en el poder, que es la que se agandalla las candidaturas… y no dejan, vamos pues, nada para aquellos que también quieren ser e incluso, pueden ser, mejores candidatos.

MALOS GOBERNANTES.

No se puede negar, ocultar, que México en lo general, Tamaulipas o Victoria, ha tenido buenos y malos gobernantes. En este momento, por decir, hay dos exgobernadores procesados y, ni modo de no estar enterados, del proceso de desafuero que está sufriendo el actual gobernante. Parafraseando a Fidel Castro, a muchos políticos y gobernantes, de hecho ya la historia los juzgo. Claro, por sus hechos y sus decisiones.

Creo que, aquí en China, hay malos gobernantes por una sola razón: no cuentan con una arraigada vocación de servir. Y ante esa situación, creo, les gana otra coyuntura de la personalidad humana: les gana, sin duda, la ambición… y, lo más pernicioso, que no es una megalomanía por el poder, pero si una ambición de riqueza. Y esta, lo confirma la historia, es difícil de ocultar y veces su consecuencia es el castigo penal.

OCULTAN INTENCIONES.

Los expertos en comunicación política afirman que los políticos son manipuladores. Que al ir en busca de votos, de ganar adeptos, son capaces de ocultar sus intenciones. Efectivamente, eso puede pasar, digamos con los políticos que son nuevos. Los victorenses, por decir, conocemos como políticos profesionales a Enrique Cárdenas, a Felipe Garza Narváez, a Oscar Almaraz. Los conocemos porque han tenido poder, lo han ejercido y, a ellos, el pueblo no los ha reprobado.

Para conocer a alguien, dice la sabiduría popular, dale poder; y es que, en algunos casos, el poder los marea. Sabemos, por ejemplo, que Ismael Valdez con una pelota de béisbol es capaz de ponchar a tres bateadores seguidos; que Eduardo Gattas, es terco, persistente, que insiste e insiste; que Guillermo Gómez Vizcaíno es un excelente operador político, pero no sabemos que harán con el poder si el pueblo bueno algún día les concede el poder político. Dicen, unos y otros, que quieren lo mejor para Victoria. ¿Les creemos?

CANDIDATOS Y ELECTORES.

Difícil reconocer cuando un candidato engaña al pueblo. La mejor prueba, la más próxima, la tenemos en Victoria con Xicoténcatl González Uresti. Fue independiente y perdió, quería cambias las cosas; el PAN lo hizo su candidato, gano y lo que menos hizo fue gobernar, administrar los recursos municipales. Por eso, hay quienes dicen que no volverán a votar por el PAN o que, en todo caso, lo harán por las personas. Y si ninguno, vaya pues, nos convence: desperdiciamos nuestro voto.

Y es que, por otra parte, los electores tienen pocas opciones y, además, buena parte de ellos son presa de los “operadores políticos”, que ofrecen y ofrecen. Los partidos políticos se quejan del uso clientelar de los programas sociales, de las despensas, de las casas amigas, de la compra de votos. Si el partido político oferta malos candidatos, sin vocación de servir, los resultados son “gobiernos malos”. 

VOTO RAZONADO O CRUZADO.

El voto razonado vale porque es la decisión personal de emitir un voto. Para unos es, como quien dice, un voto cruzado, que a veces hasta los mismos partidos políticos promueven. Pero al final gana el candidato que tenga más votos, aunque hayan sido comprados o producto de una despensa gubernamental o de los programas de bienestar social o inducidos por los servidores de la nación.

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