Corrupción, ¿fracasa AMLO?

POLVO DEL CAMINO / Max Avila

2021-04-15

Max Avila

El columnista, al igual que muchos mexicanos, supone que AMLO difícilmente terminará con la corrupción; construirá algunas bases pero no logrará el objetivo principal de su gobierno. Y no es pesimismo ni falta de confianza en el proyecto transformador, sino parte de una realidad que se confirma al comprobarse públicamente que para extraer el cáncer de la inmoralidad hacen falta más que buenas intenciones. A esto debemos agregar que ocasiones hay en que al Presidente de México aparece cual guerrero solitario en medio de un ejército de adversarios que espada en mano defienden lo que consideran sus conquistas del pasado neoliberal.

Hay que admitir que la corrupción está bien enraizada y sus tentáculos aparecen por todos los rincones de la administración pública (y del país que es “lo pior”). Nada le parece ajeno cuando los grupos de interés se unen en un solo frente contra el supremo gobierno: el golpeteo es sistemático; los ataques y ofensas un día sí y otro también, forman parte de la estrategia conservadora que desgasta al Ejecutivo cuya imagen cae en terreno de alta vulnerabilidad. No se recuerda que un Presidente haya recibido tanto desprecio en los medios de comunicación como sucede con AMLO, al menos desde los tiempos del Apóstol Madero.

Existe saña y mala fe contra AMLO desde las diversas tribunas y éste se defiende y utiliza la réplica como mejor puede: el respeto hacia el símbolo presidencial se perdió, las buenas costumbres pasaron a ser basura panfletaria, en tanto la ética periodística se patea con singular alegría en las salas de redacción de algunos de los medios más poderosos. Nada importa, salvo los intereses de los pocos que desgraciaron a México.

Los temas de relevancia se convierten en pleitos callejeros que solo aportan mayor encono suplantando el diálogo con el insulto. No hay argumentos y esto es una guerra en la que ya se abren muchas tumbas para las víctimas que van quedando en el camino. 

Está claro que la disputa es entre dos proyectos diferentes y contrarios: el que beneficia a los de siempre y aquel que otorga prioridad a la justicia social. El primero cuenta con las relaciones de complicidad del capital nacional e internacional, el segundo con la voluntad mayoritaria de efectos políticos aunque no suficientes para definir sólidamente presente y futuro de la nación. En este aspecto la salida del laberinto se complica o mejor dicho, la famosa lucecita al final del túnel nada que aparece, ni utilizando la lámpara de Diógenes.

Las instituciones se han ido al carajo y no sirven siquiera para apaciguar los ánimos cada vez más enardecidos de los contendientes. Y es que los neoliberales siguen apostando a la impunidad mientras las autoridades apenas arañan posibilidades de aplicar la ley, presionadas por los meses y los años que transcurren inmisericordes. No es difícil adivinar que los primeros esperan que las cosas cambien después de las elecciones de junio (a esto se llama “ganar tiempo”). Tampoco se requiere mucha ciencia para creer que el gobierno cada vez encuentra mayores dificultades para convertir sus deseos en realidad. En este sentido ciertos caprichos actúan a favor de la parte contraria que ni suda ni se acongoja en espera de ver pasar el cadáver de su enemigo. El caso de Félix Salgado Macedonio y la imposición por orden superior de candidatos de MORENA a los próximos cargos de elección,  son algunos ejemplos de criterios concebidos para perder votos, popularidad y confianza. ¡Inconcebible la división entre los mismos!.

Quedamos en que difícilmente AMLO terminará con la corrupción y acaso apenas construirá el escenario de combates más encarnizados del futuro inmediato. Le faltará tiempo, pero también carece de decisión, esto último ha permitido que el adversario tome aliento, se apertreche y anime para enfrentarse con más enjundia a su destino. Y está todo tan revuelto que hace temer que el neoliberalismo podría resultar el triunfador final, cuando esto parece más bien una película de fantasía que un combate en serio pa’ dignificar la república, me cae.

El asunto es que de seguir como va, la Cuarta Transformación no llegará muy lejos, considerando que un solo guerrero no puede ganar la batalla a los adversarios atrincherados en la Cueva de Ali-Babá, ni con MORENA dividido, ni con acuerdos legislativos de alto impacto en el ánimo de millones de mexicas que por el contrario de lo que esperaban, se complica su relación con el supremo gobierno, complicándoles también la existencia. Hablamos de un sector modesto y trabajador perseguido por la nueva y afiebrada burocracia de cuello blanco.

                                 ¿OTRA FICHA POLICIACA?

La nueva y afiebrada burocracia de cuello blanco digo, manifestada en tonterías como el ya mentado (por las incontables mentadas que recibe), Registro nacional de usuarios de telefonía celular, el mismo que intentó Felipe Calderón y quedó en vulgar vacilada de barra de cantina.

Pues ahora el régimen de AMLO lo propuso al congreso y éste, sometido como se encuentra, no tuvo más remedio que aprobarlo sin medir las consecuencias que empiezan a aflorar por todas partes. Para empezar es una violación a los derechos humanos y la privacidad, al obligar el registro de datos personales que podrían originar hechos delictivos en contra de quien los emite y “más pior”, cuando la receptora es una empresa privada que por obvias razones, no contará con la capacidad suficiente para retenerlos y salvo guardarlos con la seriedad y discreción necesarias. Sea que el dichoso registro, se presta para comerciarlo públicamente y al mejor postor, como sucedió en el gobierno de Calderón cuando el padrón apareció hasta en Tepito.

No es todo porque para las autoridades de antemano el usuario es un delincuente con escasas posibilidades de defensa, sobre todo cuando le roban el aparato y es utilizado para cometer algún delito. El argumento oficial es que se quiere evitar precisamente la comisión de delitos, pero, ¿usted cree que quien tiene tales intenciones usará un teléfono propio?. ¡Por favor, es demasiada ingenuidad!.

Pero bueno, los senadores de la república ya aprobaron la iniciativa y se declaran listos para cometer la siguiente pendejada que les ordenen desde lo mero alto del supremo gobierno. Ya solo queda la esperanza de que los respectivos amparos funcionen o que AMLO se arrepienta y recule. Esto último que sería lo más difícil conocido que es de caprichoso y terco.

Esto del Registro de celulares es otra lamentable falla de la 4T lo cual no obsta para que el columnista siga creyendo en el proyecto reformista de AMLO, quien como humano tiene sus defectos que él acepta.

SUCEDE QUE

El columnista recibió la primera vacuna contra el conocido virus el ocho de marzo en ciudad Victoria. Se cumplen casi cuarenta días y espera la segunda dosis, sin embargo hasta la hora de escribir esta colaboración ninguna autoridad se dignaba a ofrecer explicación alguna respecto de la tardanza…algunos amigos en la misma situación dicen que el primer efecto ya se perdió. ¿Será?.

Y hasta la próxima.

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