Cómo hacernos cargo de cuidar la Casa Común

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2021-04-26

Liborio Méndez Zúñiga

Aunque es reciente en México y en el mundo la definición de políticas públicas y programas de gobierno sobre la cuestión ambiental, la realidad indica que el planeta está en peligro y ya se habla de pronósticos de extinción incluso de la especie humana. Las crecientes migraciones de seres humanos nos lo recuerdan todos los días, pero no parecen alertarnos. La legislación, las políticas públicas y los programas de los tres órdenes de gobierno, así como las instituciones ya creadas no parecen incidir para mitigar el deterioro de la Tierra, y la contaminación no parece tener control. Ya se habla que habrá que aprender a sobrevivir o perecer. 

Entonces, vale la pena preguntarse si lo que se requiere es un nuevo contrato social que ponga en primerísimo lugar la huella ecológica de todos los habitantes del planeta, desde que nacen hasta su muerte. En corto, lo invito a pensar que la humanidad tiene experiencias de reconocer una política pública que pone el dedo en la llaga: cuando ocurrió la explosión demográfica y con ello una percepción generalizada de que la cobija no alcanzaba, fue exitosa aquella campaña nacional de “La familia pequeña vive mejor”, usted lo recordará. Ahora, incluso vemos una tendencia a decidir no tener hijos, dada la precariedad laboral, pero también en el temor a traer hijos a una existencia incierta.

No obstante haber aumentado la escolaridad, no ha calado el discurso verde en la toma de conciencia por gente, no obstante tener mediana información sobre los diagnósticos ambientales, así como un sinnúmero de estudios de los científicos de diversas disciplinas. Hombres de ciencia como el Dr. José Sarukhan Kermes, al ser cuestionado sobre qué hacer para sensibilizar y movilizar a la población, aludió a la necesidad de recurrir a los filósofos. 

En el terreno espiritual, no hace mucho el Papa Francisco se pronunció Sobre el cuidado de la Casa Común en su encíclica Laudato Si, un libro que no solo explicita la palabra de la Iglesia Católica sino también de especialistas de diversas disciplinas, conjugando ciencia y religión. Al respecto, preguntémonos si en la comunidad los templos católicos predican con el ejemplo sobre la concienciación ambiental, pregunta valida para los evangelistas.

Comentaba en este espacio que los niveles educativos debieran repensarse para generar conciencia ambiental en niños y jóvenes, incluso en graduados de educación superior, con certificados de sus saberes sobre la relación inextricable entre Naturaleza y Sociedad. No acreditados, que presten servicio social obligatorio en organismos dedicados a la conservación de tierra, aire, mares, flora y fauna.

Cuando se habla de progreso, pareciera entonces que habrá que recurrir a un rol más participativo de la ciudadanía, para asegurar los derechos humanos a una vida digna y por tanto comprometida con el cuidado del planeta Tierra. Sin embargo, no se cuida lo que no se conoce, es decir, no podemos cuidar a la Casa Común, porque no la amamos como generosa nave espacial en el Cosmos.

Pues así las cosas, o confirmaremos que nunca entendimos nuestro destino común en la Madre Tierra.

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