Historias del ayer

ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero

2021-05-03

Salomón Beltrán Caballero

Platicaba en una ocasión con un hombre del ayer, que decía llevaba en años, un poco más de 8 décadas en su haber;  y con orgullo yo he de reconocer, que más que mi destino, ha sido la voluntad de Dios, el que pueda y deba yo aprender del ser humano que ha llegado feliz y sin remordimientos vanos a la bendita madurez.

Porque agradecidos como son estos hermanos con la vida, no esconden a nadie, el hecho de haber alcanzado la sensatez, sin tener que renunciar con enfado a la edad que les concede su envidiable lucidez.

Y llegó nuestra alegre charla a convertirse en emotivo debate, retando el Quijote a demostrar, que el cuerpo que presumo es todo corazón y que alberga el alma de un romántico y soñador que vivió como él en el ayer.

Reconociendo que no le llegaba yo ni a los pies, demostré mi insensatez con este poema que hizo suyo.

INSENSATEZ

Si la madurez es fría, no quiero pensar en la vejez,

porque se revela el alma mía,

a perder por necesidad de mi cuerpo la tibia calidez.

Se pierde sin sentir la preciada tolerancia,

dando paso en mi existir a la inflexible e ingrata rigidez.

Se pierde también, en ocasiones, la confianza

y con ello, en los amantes del ayer …la sensatez,

y en la hiriente discusión se va también 

el tierno amor y la esperanza.

A la edad, la injusta culpa, y no a la vana y arrogante estupidez

que endurece el corazón y rompe con la alianza

del amor que nos unió con ternura alguna vez.

A perder… a perder los dos, que la actitud nefasta

traspasa nuestro ser como filosa lanza,

y a llorar después, por nuestra torpe e injusta insensatez.

Si la madurez es fría, que lo blanco de mi cumbre llegue de una vez,

y que al paso del tiempo como árbol seco,

mi pasión, mi amor y mi deseo,

a tus pies … a tus pies como siempre mi vida entera se derrumbe.

 

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