Andanzas en tiempos de cuarentena

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2021-05-31

Liborio Méndez Zúñiga

Tengo para mí en alta estima recibir libros de obsequio de mis amigos, en especial de mis colegas agrónomos, sobre todo si son narrativa propia de experiencias de vida. Debo aclarar que el primer agrónomo que me sorprendió fue Edmundo Flores, doctor en economía agrícola, que escribiera sus historias de vida.

Pero tengo que subrayarlo, acabo de recibir un ejemplar de “Mis andanzas por la casa en tiempos de la cuarentena”, de la autoría de Carlos Francisco Gómez Porchini, matamorense, agrónomo, posgraduado en Administración de Empresas y con una trayectoria de docencia y cargos directivos en la Máxima Casa de Estudios de Tamaulipas.

Múltiples han sido las experiencias personales para adaptarse al confinamiento de más de un año por motivos de la pandemia, diversas las maneras de lidiar con el encierro obligado por el bien de propios y extraños, y esta inactividad cobra relieve si se hace en soledad, así sea de manera temporal. 

El autor del libro en comento, con una filosofía de vida bien vivida, cultivando centenares de amigos en el noreste del país, a punto del retiro y con el privilegio de ser abuelo, reitera su sentido del humor plasmando un monólogo del pensamiento, en un mundo de ficción donde los muebles y enseres domésticos tienen voz y voto sobre la vida del hombre solitario de casa. Hablarle a la radio o a la televisión es cosa frecuente, discutir a grito pelado con el arbitro vendido también, pero conversar con el closet, la estufa, la plancha y demás, no deja de ser un intento de creatividad mental para darle rienda suelta a la imaginación, que bien puede llevar a la introspección de cuán robots podemos vernos.

Con lenguaje llano, sin adornos ni rimbombancia vana, fue escribiéndose un diario de textos breves durante 50 días, compartidos en parte en las redes sociales, que en un primer momento provocaron comentarios jocosos y tal vez mitad en serio mitad en broma, obviamente del agrado del novel escritor. Hay que decir que el texto se acompaña de dibujos de Joaquín Rivera, que aderezan con acierto el libro.

Leer las conversaciones con muebles y aparatos del hogar, remite de inmediato a las historia del auto increíble o de Arturito, sin olvidar al muñeco diabólico Chucky. Pero más aún a ese empeño perenne de “hablar” con los animales, donde las mascotas tienen consideración especial, por no hablar de los loros. Pero el autor del libro crea una realidad ficticia para hablar de cosas inertes consigo mismo, y más aún para reírse de sí mismo, oteando su propio horizonte de retiro, como su traje viejo o su cazadora favorita, objetos inútiles pero fieles compañeros de viaje.

De lectura rápida, el texto propone un divertimento constante asumiendo que las cosas son más que simples objetos, son parte de la memoria de sus dueños porque fueron parte de los momentos de vida que ahora son recuerdos, es decir, testigos mudos pero con emociones y sentimientos. Por eso cuesta deshacernos de las cosas viejas.

Hay que celebrar que un universitario en próximo retiro, lejos de instalarse en la poltrona a rumiar sobre el pasado, se aventure por nuevos senderos creativos y se permita recrear con la escritura su pensamiento positivo para tener otras miradas de mundos imaginarios que también son parte de  la vida.

Salud y Vida, Carlos¡¡

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