Pensando en voz alta

ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero

2021-06-16

Salomón Beltrán Caballero

¿Se  puede  olvidar al árbol sembrado en el desierto de estériles deseos? ¿Se puede olvidar la sombra que mitiga las desesperadas candentes ilusiones? ¿Se puede olvidar la semilla condenada a germinar en la nada? El tiempo dice que sí, y se lo dice al viento para que veloz lo divulgue sin mayor vergüenza, porque nada en este mundo es considerado ya un misterio, porque la ciencia cree resolver todas las dudas, menos el origen de la vida, en eso, sólo llega tímidamente a proponer las siempre dinámicas hipótesis que seguro irán cambiando cuanto más se logre avanzar en los hallazgos en el infinito llamado universo.

En este mundo lo que inicia siempre termina y la vida siempre transcurre entre los dos extremos y el punto medio resulta ser igual a la nada y cuando el ser humano se estaciona en la tibieza, su corazón nunca podrá saber lo que realmente quema y lo que igualmente daña porque congela.

El hombre bueno brilla por sus nobles acciones, el malvado por su  conducta despiadada y el que solamente vive en la medianía de la nada, inevitablemente se vuelve dependiente.

No basta desear el cambio de las cosas, es necesario cambiar primero para poder activar nuestra energía, porque lo mismo complace al hambriento pensar en la comida sin sentirse satisfecho, como satisface al tímido, sólo pensar que es necesario cambiar sin mover un dedo.

Se puede desear olvidar, pero mientras se tenga vida, esto sólo será un deseo y el deseo muere hasta que muere la esperanza; el que solamente vive para sí mismo solamente pensará, pero el que vive para beneficiar a los demás por llevar a la práctica sus nobles ideales, siempre tendrá un lugar en la tierra y en el cielo.

Aquél que se asume como juez de los demás sin antes haber analizado su vida, siempre podrá estar equivocado, porque sólo verá la paja en el ojo ajeno.

Siempre habremos de sorprendernos por todo aquello que es parte de nuestra natural existencia; sobre todo, cuando intentamos olvidarnos de los valores positivos, por el sólo hecho de imitar la conducta de maldad que otros practican, a esto no se le debe llamar modernidad como siempre se pretende justificar.

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