No aprendemos de la experiencia

DESDE ESTA ESQUINA / Melitón Guevara Castillo

2021-07-14

Melitón Guevara Castillo

Había dejado, deliberadamente, ya no abordar el tema de la pandemia, del covid-19. Los hechos, sin embargo, me llevan a retomarlo. Ya pasamos la primera y segunda ola, estamos en la tercera. Y todo hace indicar que, los seres humanos –es fenómeno mundial- no aprende de los errores ni de la experiencia. Veo a la gente, voy al súper, a la frutería, y observo que la gente, por lo regular, casi todos usan cubrebocas, pero otros no.

Nos enteramos como, allá en China, luego en Europa, el covid-19 hizo de las suyas. Y tardamos en reacción, como si nunca llegaría hasta nosotros. Claro, la culpa inicial fue del gobierno, que no tomo ni dicto las medidas pertinentes; nosotros somos culpables por no cuidarnos y cuidar a la familia. Somos en grado sumo, irracionales o no reflexiones en los hechos y en sus consecuencias.

EL HOMBRE MEDIOCRE

José Ingeniero es el autor de El Hombre Mediocre. Y la explicación es que hay tres tipos de hombre, los extremos son el mediocre y el inteligente; la diferencia es que el segundo aprende de las experiencias de los demás. Y se explica con la imagen de tres personas que van por un camino y se tropiezan con una piedra.

El primero va caminado y de pronto se tropieza con una piedra; se levanta y continúa su camino. Enseguida hay dos variantes: la del hombre que se tropieza con la piedra, se levanta y la quita del camino. La otra escena es del hombre que, viendo como quien va delante de él se tropieza con una piedra, se levanta y continúa con su camino, llega hasta la piedra y la quita del camino. Aprendió de la experiencia ajena… el mediocre, no aprende ni de su propia experiencia.

TROPEZARSE CON LA MISMA PIEDRA

Es lo que estamos haciendo los mexicanos. Ya nos topamos, vaya pues, por tercera vez con el covid-19. No sé si ustedes, amables lectores, tuvieron experiencias directas con la pandemia. En mi familia: falleció uno mis hermanos menores (soy el mayor), otros dos también se contagiaron. La experiencia, obviamente, indica que debemos cuidarnos…es la única manera de no toparnos con el covid-19. Esa es la cuestión: no nos cuidamos y nos exponemos al peligro del contagio.

El peligro es real: en Victoria medio mundo conoce el caso del contagio en el baile de debutantes en el Campestre. A nivel nacional fue un escándalo el contagio en Miss México. Los hechos ahí están, a la vista, los contagios a nivel nacional suben de manera alarmante y otro tanto en la entidad. Por eso, ya ni nos acordamos de que un día vivimos en semáforo verde. Se entiende, la reactivación económica es necesaria, pero también cuidar la salud.

PROTOCOLOS MINIMOS

La culpa es de todos, sobre todo de nosotros. Pongo un ejemplo básico: en las tiendas de autoservicio, en la entrada, hay un anuncio prohibitivo: solo puede entrar una persona por familia. Y nada, en el interior es fácil identificar que hay matrimonios completos, hasta con hijos. El anuncio es completamente visible… solo en un caso, en Soriana Las Palmas, me toco ser testigo de cómo la señora que está en la puerta, abiertamente le dice a una pareja: solo puede entrar uno…pero vi como la persona que no entro, lo hizo por la otra puerta.  

Los comerciantes organizados afirman que ellos, de manera responsable, cumplen con las reglas y protocolos establecidos por la autoridad sanitaria. ¿Dónde pues, se contagian las personas? En las reuniones, digamos, masivas; en donde el protocolo se olvida, pero también porque, quienes están ahí, olvidan cumplirlo. Mi hermana Rossy se contagió, escribió un testimonio en su muro: su rutina era la normal, como ir al trabajo, cumplir con sus tareas de ama de casa, atender a su hijo… y afirma que no sabe cómo ni donde se contagió.

COVID-19 Y LOS JOVENES

Buena parte de los adultos mayores ya estamos vacunados, nos dice que de todos modos, no debemos descuidarnos; y ahora los estragos del covid-19 son en el núcleo de los jóvenes. ¡Los que menos se cuidan!, porque piensan que son inmunes, y son los más propensos a dejarse llevar por la emoción de las fiestas, las música y el alcohol.

No levantamos la piedra, nos tropezamos dos veces con ella.

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