¡Esta Universidad no tiene ideología!

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2021-09-12

Liborio Méndez Zúñiga

La idea de que las casas de estudios superiores debieran ser escuelas para la democracia, no es nueva.  Por algo la potente frase de “Por mi raza hablará el espíritu” de la UNAM, madre putativa de todas las universidades públicas del país. Los institutos tecnológicos son harina de otro costal, aquí hablaremos un poco de las supuestas Máximas Casas de Estudio de las entidades federativas públicas, las privadas se cuecen aparte.

Allá por los años ochenta, buscando concretar mi tesis de maestría, me acerqué a un economista formado en Europa, a quien conocí por correspondencia cuando él daba seguimiento a mis estudios de posgrado. Después de una asesoría en su oficina, nos quedamos un rato platicando sobre los avatares de la UAT, mi alma mater pero no la del economista, que se formó en la UNAM.

Centramos la charla sobre las debilidades de la institución en materia de investigación para coadyuvar a los problemas del desarrollo de Tamaulipas. Después de varios lances, y reconociendo que el énfasis de la institución era la docencia, además era una universidad muy joven para contar con un adecuado balance entre licenciatura y posgrado, base de posibles centros e institutos donde se hace la investigación en serio, arbitrada por pares académicos internos y externos.

Moviendo la cabeza, de pronto dio por terminada aquella plática el doctor en ciencias, y concluyó: El problema mayor de esta Universidad es que no tiene ideología. Me dejó sin habla, nos dimos las malas noches y nos despedimos. Hasta la fecha, esa aseveración me persigue cada vez que pienso en la situación de la Universidad. 

En una conferencia del sociólogo Arturo Alvarado (Colegio de México) abordó los cacicazgos en Tamaulipas, precisamente en la Sala “Lic. Juan Fidel Zorrilla”, si mal no recuerdo presentando su libro sobre el tema; me quedé rumiando para mis adentros, bueno, todas las cosas se parecen a su dueño, pensando en la frase de la falta de ideología de la Universidad.

En otro momento, buscando el carácter singular de la casa de estudios, pensé que lo de máxima casa de estudios debió comprender el cultivo de carreras de ciencias básicas y artes, optando por una universidad cuasi tecnológica omitiendo las matemáticas, física, química y biología, por no mencionar la filosofía. Usted dirá, pues eso, hombre, fue una ideología tecnocrática, y la prueba es que la única fortaleza reconocida en investigación y formación de recursos humanos eran las ciencias agropecuarias. Así se lo dijo a un Rector el propio Director General del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, en una charla breve en Tampico. 

En otra ocasión, a raíz de mi intentona por ingresar a un doctorado en Economía Agrícola en Chapingo, conocí y conversé en el café de media mañana con un profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, y me preguntó sobre mis orígenes. Cuando lo supo, con una mueca un tanto despectiva dijo saber de ella por los “Correcaminos”. Válgame Dios, yo esperaba que al menos recordara al Instituto de Investigaciones Históricas, pero no.

Estos datos sueltos y mi paso por la docencia y la administración en materia de investigación y vinculación, me confirmaron que al menos en el noreste de México, la Universidad de los tamaulipecos acumulaba rezago frente  a instituciones fuertes y con historia como la UANL, donde además la presencia de la Universidad de Monterrey y el ITESM son pilares del sistema educativo regiomontano. Y usted dirá, allá también hay caciques, es cierto, pero hay una sólida cultura de hombres de empresa que se dieron el lujo de respetar la autonomía de la Universidad, y además crear la propia con una ideología diáfana para formar a los profesionistas gerentes que requieren sus corporativos en México y tal vez en el extranjero.

“Verdad”…sin ciencia básica? 

“Belleza”… sin cultivo de las artes?

“Probidad”… sin transparencia?

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