Lunes de reflexión

ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero

2021-09-12

Salomón Beltrán Caballero

Mi nieto Emiliano de 14 años de edad, es un adolescente muy inquieto, tanto o más de lo que fui yo, y lo fue mi hijo Cristian; recuerdo que a esa edad todos aspiramos a tener un auto, pues nos encantaba manejar y resulta que Emiliano  cuando nos vemos siempre me hace la misma pregunta: ¿Abuelo, no te gustan los autos nuevos? Yo le contesto que sí y el responde: Entonces por qué no cambias de auto. Para qué lo cambio, si trabaja muy bien, le contesté. Pues, para que te modernices y además, se siente a todo dar tener y manejar un auto nuevo, además, no les suena nada y casi no se descomponen. No creas Emiliano, hasta los autos nuevos pueden presentar fallas de origen y salirte más caro el mantenimieto. La verdad no te entiendo abuelo. Me inquietó un poco el comentario de mi nieto, sobre todo, porque lo relacioné con un comentario que hizo una persona, que en su momento,  se encontraba en pleno desarrollo de su potencial económico y profesional. Recuerdo que cuando me conoció, me preguntó a qué me dedicaba, dónde trabajaba, dónde vivía, que auto manejaba; le contesté con  la verdad a todo y después me dijo: ¿Usted no tiene ambiciones? Desde luego, le contesté, pero mis ambiciones son de otro tipo y no están relacionadas con el atesorar cosas materiales; y sonriendo me dijo: Tenga cuidado mi querido médico, a usted se le puede etiquetar como mediocre, y eso podría frenar la posibilidad de que obtenga una mejor calidad de vida, un bienestar al que todo ciudadano tiene derecho, una buena posición social. La verdad nunca me he puesto a pensar en eso, desde niño supe cuáles eran mis prioridades y créame, le dije,  éstas no tenían nada que ver con el dinero y los satisfactores que puedes obtener con el mismo;  cuando niño percibí a conciencia lo que era el amor, así es que para mí fue una prioridad amar y sentirme amado, si bien es cierto que en mi infancia no vivía en la opulencia,  nunca nos faltó el pan que comer, pero sentía que podría pasar hambre, pero no podría soportar, el hecho de no sentirme amado; como verá mi mayor ambición está relacionada con el amor, espero esto no riña con sus ideales, mucho menos con sus ambiciones y sus deseos de superación. El hombre aquel, no dijo más, se despidió de buena forma, pero no muy convencido por mis palabras; años después sabría de lo que le hablaba en aquel momento. Pero regresando al comentario de mi nieto Emiliano, le di la siguiente explicación: Emiliano: ¿dónde está la bicicleta nueva que te compró tu madre? Recuerdo que deseaste tanto tener una bicicleta nueva, pero ahora veo que la has abandonado; Emiliano: ¿dónde está el reloj que te regalé y dijiste que lo necesitabas mucho? Me has dicho que sólo lo usas e ocasiones  especiales. Puedo seguir enumerando una serie de ejemplos que aplican bien para lo que quiero dejarte como mensaje: ¿Abandonarías a tus padres porque se ¿vuelven viejos? ¿Despreciarías a tus hermanos porque piensas diferente a ti?  ¿Te olvidarías en algún momento de aquellos que han sido tus mejores amigos? Emiliano bajó la cabeza y  esbozando una temida sonrisa dijo: Claro que no. ¿Y sabes por qué no lo harías? Sí, porque los amo. Ahora ya sabes que el amor es lo más valioso que una persona posee en la vida, el amor te llevará siempre por el mejor camino y te dará la mejor vida, porque puedes prescindir de las cosas materiales, pero del amor no. Mi viejo carro representa mucho para mí, lo trato con amor y siempre estará en buenas condiciones, no porque le suene la carrocería lo voy a desechar, si está en mí el que no suene, lo trataré de arreglar, si esto hacemos con una cosa, cuanto más no haríamos por nuestro prójimo, llámale padre, madre, hermanos, hijos, nietos, amigos. Ya entendí abuelo, sólo me queda una duda: ¿Qué harás con tu carro cuando lo decidas cambiar? Se le obsequiaré a aquél que pueda cuidarlo como yo lo cuido. Y me contestó: Te digo esto, abuelo,  porque ya siento que lo amo.

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