¿Cuarta Transformación o cuatroteísmo?

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2021-10-01

Liborio Méndez Zúñiga

A la mitad del sexenio, los votantes de AMLO ya deberían tener una idea aproximada de por quien votaron, con la idea que fuera el adalid de la Cuarta Transformación. Muy pronto sabremos si las Mañaneras y el modito de andar del Presidente han configurado un ideario en la práctica, es decir si el movimiento se demuestra andando y Morena ya es un partido hecho y derecho y no una burda e ineficaz réplica de los partidos ya conocidos, que han mandado desde Los Pinos.

Que Morena es movimiento no puede negarse, llegar a Palacio Nacional llevó tiempo, la hegemonía del partido de estado dio lo que dio y la maquinaria electoral tronó en 2018. La cuestión es si esa maquinaria que llegó a ser sistema ha sido remplazada a matacaballo en estos tres años de gobierno y los tres millones de votantes ya formaron una militancia robusta, con vanguardia más allá de la Metrópli. Dominar en el Congreso de la Unión, algunas no pocas gubernaturas y congresos estatales, y cada vez más presidencias municipales, podría ser parte de la inercia del triunfo de 2018, pero México no se gobierna solo con el discurso, demanda una gobernanza eficaz y un mandato diferente, en los tres órdenes de gobierno. 

Además, la dictablanda dejó de serlo porque nunca tuvo de base partidos y organizaciones democráticas, tuvo el control pero la vida nacional vivió del centralismo y el imperio del dedazo, empoderando cacicazgos y grupos de poder aceitados por la corrupción, al grado de provocar la mea culpa con aquella intentona fallida de la Revolución Moral del presidente gris De la Madrid, o la frase de “Veo un México con hambre y con sed de justicia” del Colosio sacrificado. Eso y muchas afrentas más provocaron el México agraviado que despertó por los balazos y no los abrazos de políticos traidores a los problemas nacionales sempiternos. De allá y más allá deriva la creencia y la fe mesiánica en el liderazgo de AMLO y su apuesta de un cambio de régimen y el imperativo ético de mandar obedeciendo. Sin embargo, bien se sabe, que Roma no se hizo en un día.

Para no pocos observadores, un cambio de régimen implica un nuevo pacto social, y para mi se requiere una nueva Carta Magna que ya muchos han propuesto, pero que nomás no cala hondo en los llamados representantes del pueblo, es decir, los legisladores, es decir, de la falta de definición de los partidos, ergo, no están de acuerdo en un nuevo Contrato social. Entonces, el camino de la Cuarta Transformación está lleno de piedras, y el tránsito al poder del pueblo implica una tarea de concientización y formación política que va más allá de un sexenio, si y solo si el movimiento se transforma en el partido que pretende ser Morena. De no ser así, la única opción es la promesa del Mesías, que conduce a su pueblo a la Tierra prometida, o sea, el cuatroteísmo, es decir, la esperanza de un mundo nuevo, ganada a pulso predicando con el ejemplo, con una masa de legisladores sin oficio ni beneficio para el proyecto alternativo de nación. De que sirve la mayoría legislativa sin dominio de la tribuna no solo con oratoria gritona y sin vena ideológica de la transformación de la vida nacional. ¡A rezar, compatriotas!

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