Juegos virtuales: vivir la fantasía

MIRADA DE MUJER / Luz del Carmen Parra

2021-10-03

Luz del Carmen Parra

Recuerdo aquellos días en que por primera vez se instaló una computadora en casa y el entusiasmo generado en mis hijos, porque era la novedad, no todos los adolescentes de su edad podían contar con un aparato de esa naturaleza al alcance de su mano. Como padres, nos motivaba mucho el proporcionarles una herramienta que adivinábamos sería indispensable en los quehaceres del futuro. 

Poco a poco nos fuimos percatando cómo su interés se concentraba en aprender a manejar los programas que facilitaban sus tareas escolares y les permitían tener más tiempo libre para dedicarlo a los primeros juegos en línea, superando todo lo vivido con el PlayStation, Nintendo, XBOX, o cualquier consola de videojuegos. 

Un mundo nuevo no solo de diversión se abrió a sus expectativas y vino a modificar todas las actividades cotidianas de su edad. Atrás quedaron los deportes y el contacto con la naturaleza y las bibliotecas. Empezaron a vivir una rutina dominada por los ordenadores, convirtiéndose los videojuegos en su principal actividad en sus horas de ocio. 

Poco a poco su atención fue concentrada en la posibilidad de interactuar con otros jugadores que eran inmersos en una trama como personajes de la misma historia, adaptando un nombre y unas características propias que les permitían accionar en medio de escenarios y batallas encarnizadas, tan veloces que exigían una respuesta rápida, tanto que en ocasiones sus dedos no alcanzaban a moverse a la misma velocidad que sus competidores, desencadenando emociones fuertes siendo atrapados por  niveles de goce y disfrute jamás alcanzados. 

Hay registros de Activision Blizzard, que nos indican que uno de los más populares videojuegos, World of Warcraft en 2011, alcanzó la suma de 12 millones de jugadores que participaban en este mundo de fantasía. En febrero de 2020, informó la productora, que habían alcanzado un total de 29 millones de jugadores activos mensuales. Evidentemente no solo los adolescentes, sino también muchos adultos quedaron atrapados en medio de este universo fantástico, que vino a establecer nuevas formas de relacionarse. 

Si bien existen algunas voces que aseguran que los juegos en línea proveen efectos positivos especialmente para los adolescentes, sobre todo aquellos de estrategia y competencia, que les permiten desarrollar sentimientos de compañerismo y solidaridad, trabajo en equipo y habilidades para acompañar una tarea, también hay quienes llaman la atención en los puntos negativos que provocan aquellos cuya temática gira en torno a la violencia y la deshumanización, uso de armas y desarrollo de sentimientos de frustración, enfado e insatisfacción, que pueden generar ansiedad o depresión. 

Un tiempo excesivo en medio de este mundo de fantasía, genera graves problemas en el control de las emociones de jóvenes y no tan jóvenes, ya sea por los aspectos sociales que presentan o por la competitividad que hay en ellos. Cuanto más tiempo dedican, mejor aprenderán los secretos del juego y cada vez se exige un esfuerzo mayor, pudiendo convertirse en una adicción que rebase la atención incluso de las necesidades básicas del ser humano, como hacer las comidas del día o dormir lo suficiente, sin mencionar todo lo que conlleva la inactividad física prolongada. 

Cuando los videojuegos se convierten en una necesidad urgente por encima de los compromisos de estudio o trabajo, cuando la dependencia a ellos relega todo tipo de relación social y familiar, cuando sin darse cuenta se llega al aislamiento, puede hablarse de una potencial dependencia, para evadirse del mundo real o del aburrimiento, y transformarse en un problema de salud mental tan dañino como el consumo de una droga. A la larga provocan efectos tan negativos como la excitación extrema, una disminución de la inteligencia emocional y sentimientos de soledad. 

Hay quienes se refugian en este mundo virtual evadiendo vivir sus emociones, desconectados de su entorno, alejados de sus problemas cotidianos, descuidando la relación con sus afectos, aislados de su realidad. 

Pero actualmente pareciera imposible permanecer ajenos a la influencia de estos videojuegos, desde la mamá que juega Candy Crush en su teléfono celular, hasta quienes disfrutan de experiencias virtuales más complejas. 

Ante la presión y el estrés al que nos vemos sometidos en este mundo lleno de incertidumbre, lo normal es acudir a métodos de relajación como el deporte, la lectura o la escucha de música.  

Hoy contamos con una opción más, jugar algo diferente, algo lleno de fantasía, donde se viven aventuras de héroes y heroínas con las que es posible identificarse y pasar de ser simples espectadores, a formar parte activa de la trama. Aunque los problemas cotidianos nos vuelvan inevitablemente a la realidad. 

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