¿Inmunidad o impunidad de rebaño?

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2021-10-05

Liborio Méndez Zúñiga

Es tal la cantidad de información a que nos ha expuesto la pandemia en boga, y sin conceder que la corrupción somos todos o que ya es parte de la idiosincrasia del mexicano, que pareciera que la opinión del ciudadano medio (si es que existe), pudiera aceptar que la corrupción es una enfermedad causada por un virus, y que siendo mutante, sería el cuento de nuca acabar, como el cáncer, que cuando no mata te desgracia la vida.

Pues bien, si la corrupción es viral, la hipótesis de los científicos de que saldremos de la pandemia mediante la inmunidad de rebaño  no parece viable porque los propios científicos de galas académicas también se infectan, y lo que toma fuerza es más bien la rampante impunidad de rebaño. O sea, con un semoviente enfermo lo que sigue es una manada de “vacas locas”, tal como parece evidenciarlo el escándalo de los miembros del Foro Científico y Tecnológico de moda.

La burocracia, ese mal necesario que padece el Estado dizque moderno, pareciera caldo de incubación de virus corruptores que infectan hasta los hombres y mujeres de ciencia, como lo reflejó de alguna manera la Estafa Maestra en las Universidades que supuestamente prestaban servicios técnicos dadas sus supuestas capacidades científicas y tecnológicas.

Habría que ponderar que no solo la incubadora de corrupción surge de la burocracia pública, porque también en el sector privado se cuecen habas. Si entre lo público y lo privado hay colusión, y la vinculación vergonzante de contratos a modo y factureras de por medio, entonces la corrupción es impunidad de rebaño, sin remedio. 

Pero duele estigmatizar a todo el hato científico, sabiendo que son minorías las que portan el cáncer social aludido, pero bien se sabe que una manzana podrida infecta toda la caja, o bien, la fama de las ovejas negras desborda la gloria de los bien portados.

Usted dirá y con razón que no todo está podrido en Venecia, pero son apabullantes las evidencias de la descomposición institucional en todos los ámbitos, y esta vez un puñado de 31 personas pusieron en el tocadero a la comunidad científica que hace su trabajo con recursos físicos y financieros insuficientes, por eso el parche del SNI que en su origen era un remedio temporal para evitar la fuga de cerebros, y se quedó como un sobresueldo dados los bajos salarios de los investigadores del país.

Por lo demás, allá donde los hijos pasaron materias copiando con el consentimiento de los padres, se incubó el virus del plagio académico; allá donde se toleró la complicidad de grupos de seudoacadémicos para ganar puntos por sus publicaciones, acá mutó el virus en mafias académicas medrando con el poder público para agenciarse fondos para sus proyectos y hasta contubernios mayores como la tarea sucia a Monsanto con los transgénicos. 

La verdad es la causa esencia de la ciencia, que mantenga su inmunidad de rebaño y no naufrague en la impunidad de rebaño, porque con ello contribuye a la pandemia de la corrupción en la vida nacional.

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