Educar el corazón

MIRADA DE MUJER / Luz del Carmen Parra

2021-10-10

Luz del Carmen Parra

Apenas unos meses atrás había cumplido los 11 años; recuerdo que todavía era un niño cuando se me acercó tímidamente y me dijo: “Mami, ¿me dejas tener novia?”. Sin alterarme, con voz tranquila, le pregunté: ¿Por qué quieres tener novia, todavía eres muy pequeño para meterte en esos problemas? Espera a que seas un poco más grande.  

 

Evidentemente mi respuesta no le convenció, porque él continuó: “mami, todos mis amigos ya tienen novia, nomás yo no”. Ok, le dije. Ya conoces una niña que te gusta y, ¿ella quiere andar contigo? Sí, me contestó, con emoción en sus ojos y una sonrisa. 

Sabes, le dije, las mujeres a esa edad todavía somos también un poco niñas entrando a la adolescencia y las hormonas nos hacen ser lloronas o muy expresivas. Vamos de la tristeza a la risa en segundos, no sabemos lo que queremos. Si decides hacerte su novio, corres el riesgo de que en un momento te esté abrazando amorosa y al poco tiempo te rechace y se enamore de otro. Eso te va a hacer daño y eres muy chiquito para manejar esas emociones. 

Pensativo me contestó: “A mí no me va a pasar eso. Ella me quiere mucho”. Sin embargo, contesté, yo creo que es mejor que sigan siendo amigos, que tengas muchas amigas sin que te haga escenas de celos o estén peleando o dando explicaciones continuamente. Aprende a conocer a las mujeres. Como son, como se conducen, intuye sus sentimientos y empieza a relacionarte con ellas sin mayor objetivo que conocerte a ti mismo y saber que te gusta o no de ellas, con quien te sientes a gusto, con quien coincides. Así das tiempo a que todo el desorden hormonal empiece a acomodarse y te veas convertido en un joven que sabe lo que busca en una mujer. 

No fueron suficientes mis palabras, a la vuelta de la esquina me pidió que le comprara un chocolate para su novia. Pero tal y como lo predije, no bastó más que apenas un par de meses para que lo cambiara por su mejor amigo y regresara a los brazos de su madre a llorar sus primeros desamores. 

Cuán importante educar los sentimientos, acompañar el crecimiento no solo físico, sino también emocional de los hijos. Cuidar su corazón y prepararlos para vivir los desengaños sin merma de su autoestima, de su valía como seres humanos únicos, que aprendan a conocerse y a aceptarse con sus propias limitaciones y a reconocerse en sus habilidades. 

Las emociones guardan un lugar muy especial en el desarrollo de la infancia. Es aquí donde aprenden a amar y a darse a los demás.  Decía Aristóteles que “educar la mente, sin educar el corazón, no es educar en absoluto”.  Es en los niños donde se instalan los recursos emocionales que más tarde les permitirán mantener relaciones sanas, satisfactorias y resolver con asertividad los conflictos inherentes a toda relación humana, y de forma especial, la que más temprano que tarde establecerán con su pareja. 

Es generalizado el desinterés por las primeras vivencias amorosas de los hijos, se les presta poca atención, se hacen burlas y se espera que lo resuelvan solos sin mayor problema. Pero por experiencia propia, es de todos conocida la necesidad de aceptación por parte del sexo opuesto en la juventud y cuánto daño nos causan las malas relaciones, los conflictos que no pudieron resolverse en su momento quedando guardadas las emociones encontradas en lo más profundo de nuestro inconsciente. Nadie nos enseña a expresar y a compartir nuestra intimidad con personas capaces de asesorarnos. Vamos aprendiendo de nuestro entorno, donde los amigos y los no tan amigos, apenas si alcanzan a entender lo que estamos viviendo.  

Un rechazo, una desilusión, un abandono en la adolescencia, puede convertirse en una tragedia y marcar de por vida a quien lo vive, por eso no basta con enseñar en las páginas de los libros de texto la parte biológica de la sexualidad humana. No podemos genitalizar el amor. Hay que quitar el morbo y, como es necesario, complementar con la parte emocional, acompañar identificando en sus relaciones amorosas los sentimientos que nos diferencian de los demás seres vivos que habitan el planeta.  

Todo apunta a una hipersexualización de la sociedad; los niños y jóvenes viven saturados en etapas cada vez más tempranas de su infancia, de mensajes sexuales que afectan su propia imagen, su autoestima.  Videos musicales, publicidad visual y auditiva, redes sociales, series y telenovelas, la moda, todo ha puesto en el centro la sexualidad descontextualizada de sus sentimientos y emociones. 

No somos solo instinto. Son las heridas del corazón a temprana edad, las que marcan la ruta hacia la violencia, la soledad y hasta el suicidio de muchos jóvenes hoy en día. 

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