Por el camino, ¿se perfila un amlodipino?

DESDE EL RETIRO / Liborio Méndez Zúñiga

2021-11-01

Liborio Méndez Zúñiga

En el retiro, en las inmediaciones del bosque mesófilo de montaña, solo las malditas redes sociales dan algunas señales muy parcas de las aguas revueltas de la política en Tamaulipas. Si uno quisiera aventurar una opinión, ha de tener en cuenta que se mueve en arenas movedizas y los pronósticos serán meras conjeturas de quien las haga.

Dicho lo anterior, y abusando del argot del viejo pero no muerto régimen del partido de estado, pareciera que la disputa por la patria chica de los tamaulipecos se dirime entre aspirantes del tamaño de una caballada muy flaca. No hay ni a cuál irle, diría Juan Pueblo.

Vamos por partes. Por un lado, el partido del gobierno que expira, osó ponerse los guantes con el que manda en Palacio Nacional, con cuentas pendientes y con ánimos rijosos dignos de otras batallas en el pancracio nacional. En la otra esquina el otrora invencible partidazo tricolor, nomás no levanta cabeza ante la comprobación fehaciente del maridaje con el PAN, y no se ve en la pradera la figura de un caballo robusto y con clase de ganador, salvo que se refrende la alianza con los primos hermanos también en desgracia.

Con los amarillos ni perder el tiempo, pero incluso en las huestes de Morena, se debaten con aspirantes del pasado y un prospecto tampiqueño que se mueve con respaldo pero también contra el desarraigo de no vivir en Tamaulipas.

Pero acá toca aventar los dados, con lo poco que sabemos del arte de la praxis política, lo que se ocupa para empujar a Tamaulipas hacia la 4 T, no es un gobernador convencional, es decir, un gobernador gerente, qué va, si eso fuera la cosa estaría resuelta en dos patadas. No señores, la debacle de gobernanza de nuestro estado, viene de lejos, y de lo que se requiere es de un verdadero líder del poder, no se trata de parchar ni de remendar, el siguiente gobernador enfrenta la colosal tarea de rehacer y reafirmar la inútil relación entre los tres órdenes de gobierno. Pues eso, dirían los beisbolistas, batear de jonrón en cada salida al cuadro.

Esta idea de los gober-gerentes pronto le resultó conveniente a los poderes fácticos, y los partidos fueron cediendo terreno a los patrocinadores de viejo y nuevo cuño, cuyo interés era recuperar lo invertido en campañas con contratos y asignaciones en todas las dependencias con presupuesto. Con semejante amasiato, el líder político y su bastón de mando, prácticamente es una especie en extinción en la democracia mexicana, salvo la figura agigantada que apareció en 2018, en aras de una transformación de la vida nacional, pero con apenas tres años de estar dirigiendo la orquesta y dando golpes de timón al Titanic.

Entonces, más nos vale que los próceres de Morena hagan bien sus cálculos y demuestren que saben de estrategia lo que ya demostraron en el gobierno de la CDMX, y que tienen el pulso de los sentimientos de los tamaulipecos, para elegir a ese líder de los destinos de una entidad que resulta vital para la economía nacional, y donde sus hombres y mujeres de bien solo esperan el orden y respeto a la vida para dar el salto cuántico como nodo regional del noreste, ahora que los vecinos del Cerro de la Silla se repitieron la dosis con el fosfogobernador. ¡Dios nos libre!

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