Las mil y una anécdotas

ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero

2021-11-20

Salomón Beltrán Caballero

Como en las buenas películas, aquellas que de principio a fin te mantienen atento, en las que disfrutas, no solamente la actuación de los personajes, sino que te llegan a cautivar tanto por los paisajes y demás elementos que hacen que sean inolvidables. Así funciona mi mente, está llena de magia, de fantasía y de vivencias reales, que al ser plasmadas en las historias que narro, me vuelven a transportar al tiempo y al espacio donde se desarrollaron los mejores momentos de mi vida. 

He sido un observador de los pequeños detalles, esos que pasan desapercibidos por muchas personas, por considerarlos irrelevantes, pero que resultan ser esenciales para entender el argumento vivencial que sostiene anhelos, esperanza, nostalgia, orgullo, romance y demás componentes, que describen sentimientos y emociones, personalidades, costumbres, y que con el paso de los años, se transforman en melancolía. 

¿Qué por qué estoy hablando de todo esto? Bueno, el clima frío que reina en el entorno, en estos momentos, tiene mucho que ver, así como la cercana  fecha de la celebración de la Natividad, me motivó para ambientar mi estudio literario, con música navideña que está diseñada en un tono nostálgico, y como suele suceder, me llevó a viajar al pasado para recordar una serie de eventos inolvidables, muchos de los cuales quisiéramos volver a vivir, sobre todo, con las personas del ayer; por ejemplo: Cuando evocamos aquellas maravillosas reuniones,  antes, durante y posteriores a la Navidad; veo entonces el esmero de algunos de mis hermanos en el patio de la casa materna, preparando el fuego para colocar aquel cazo de cobre, donde se depositarían los cortes de carne de cerdo para preparar carnitas, chicharrones, freír tortillas; mientras el resto de los jóvenes  calentaban sus manos y cuerpos al sentarse cerca de la hoguera. Por otro lado veo los ensayos de los estudiantes del grupo de  teatro, dirigidos magistralmente por en buen Toño, y también lo veo a él, un día previo a la fecha señalada, vestido de traje, con una copa de coñac en la mano, mirando el destello de los focos del árbol navideño,  y aún voy más allá, me introduzco a su mente y puedo ver sus recuerdos de niño, de joven y de adulto, en las celebraciones familiares y que en ese momento, siendo Toño ya un adulto mayor, no podía evitar que las lágrimas brotaran generosamente, entonces con mucha sensibilidad yo le preguntaba: ¿Te pasa algo? Y él contestaba: Una lágrima por cada año, ya estoy terminando  el recorrido. 

¿Qué por qué estoy recordando esto? Será porque un 20 de noviembre del año 2013, los recuerdos de mi mejor amigo empezaron a pesar tanto en su ánimo, y emocionado como estaba, hizo que su corazón marcara un ritmo diferente al acostumbrado, avisándole que no llegaría a disfrutar su última Navidad.

Cosas que se viven, pasan y tienen que ocurrir en algún momento de la existencia.

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