Lunes de reflexión

ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero

2021-11-21

Salomón Beltrán Caballero

Mi nieto Emiliano, que ya es un adolescente me dijo un buen día: Abuelo, por qué insistes tanto en escribir temas sobre Dios y la espiritualidad, bien podrías escribir temas médicos, además, el alcance de tus artículos no llega a tantas personas como para que te vuelvas un Influencer. Me volteé a verlo y contemplé la hermosa sonrisa de mi nieto, que seguramente disfrutaba   tratando de hacerme enojar, porque días antes les había pedido a él y su hermano Sebastián que leyeran mis escritos, y he de reconocer, que lo intentaron, sobre todo, buscando no caer de mis preferencias, por si necesitaban algo de efectivo. Consideré prudente darle una explicación sencilla, lo más apegada a la realidad, porque siempre ha sido mi deseo que ellos privilegien la verdad por más satisfactoria o dura que sea; entonces, le dije: La verdad, yo no soy escritor, ni siquiera estoy esforzándome por ser el mejor, un buen día, siendo adolescente, desperté de un sueño hermoso con el deseo de escribir todo lo que me ocurría y lo que ocurría en mi entorno, compré un diario de cuatro manos, una pluma y sin más, empecé a escribir; en ese entonces, no tenía bien claro por qué lo hacía, empezaba mis escritos con el clásico: Querido diario, hoy te vengo a contar lo que me ha pasado este día; así lo hice por mucho tiempo; un día,  desesperado, me pregunté a mí mismo: ¿Qué estoy haciendo? parezco un loco escribiendo todo lo que me pasa en un papel, y no recibo nada por respuesta, de hecho, se me ha vuelto una adicción, pues antes esperaba a que terminara el día para escribir por la noche, y ahora lo hago precisamente minutos después de haber experimentado alguna experiencia amarga. ¿Cómo me gustaría tener un amigo de verdad que pudiera escucharme, que pudiera aconsejarme, que me dijera qué hacer en los momentos difíciles? Con ese pensamiento me fui a dormir y tuve un maravilloso sueño: Siendo un niño, me veía sentado en un escritorio, tenía sobre él un hermoso cuaderno blanco, tanto, que de él salía una luminosidad tan especial, que mantenía abiertos mis ojos y despierta mi mente, alguien estaba junto a mí, cuya vestimenta era tan blanca y luminosa, que no me permitía verle la cara, pero sentía cómo tocaba los dedos índice y pulgar de mi mano derecha, comprendí que me estaba enseñando a escribir, tenía tanta paciencia conmigo, que desapareció de mí  el temor, sólo sentí paz  y una tranquilidad excepcional, cuando mis garabatos empezaron a tomar forma, emocionado, volteé a verle y sólo pude apreciar en él una hermosa sonrisa; entonces le pregunté: ¿Quién eres? Y una suave y dulce y voz que parecía un murmullo del viento me dijo: Yo soy tu maestro. ¿Mi maestro? le contesté, pero si lo que yo siempre he querido es un amigo. También soy tu amigo, soy tu padre, soy tu hermano, me llamo Jesús. Desde entonces, no he despertado de ese maravilloso sueño, y ahora, después de tantos años de escribir en aquellas páginas blancas del libro de mi vida, sé que le escribo a mi maestro, a mi amigo, a mi padre y mi hermano, y de él siempre encuentro una respuesta. Así es Emiliano, no tengo necesidad de llegar a ser un Influencer, mis palabras llegarán a todo aquél que vea en ellas a todas esas personas que tanto amamos y en ocasiones no podemos comunicarnos con el corazón, así como Jesús se comunica siempre conmigo. Entonces, volteé a ver a Emiliano, pero una intensa luz sólo me permitió ver esa hermosa sonrisa que tiene mi nieto, pero también  pude apreciar cómo resbalaban por sus mejillas un par de lágrimas, entonces le pregunté: ¿Lo has visto acaso? ¿Lo has sentido? Estoy seguro que sí, porque a mí siempre me pasa lo mismo cuando estoy cerca de Él, ámalo como él te ama a ti, su nombre es Jesús.

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