Las mil y una anécdotas

ENFOQUE / Salomón Beltrán Caballero

2021-12-03

Salomón Beltrán Caballero

He aquí, una página del libro de las lamentaciones de un niño, que nació siendo viejo, y de un viejo, que quería saber qué se sentía ser niño. Autor soy por consecuencia, y me acuso de no tener paciencia, para mandar a editar lo que podría ser una joya, lo digo con humildad, pero con el ánimo de compartir una lectura, que no desea competir por ningún lugar en la literatura universal, soy escritor urbano y comparto con mi hermano, lo que pienso le pueda servir, porque no creo que haya un ser humano, que no se vea afectado en sus emociones, cuando las emociones, no mantienen la estabilidad que todos deseamos y terminan por incidir, en nuestro vulnerable estado de ánimo.

Una triste hoja, luchaba con lo que le quedaba de energía, al sentir que débil  pendía de una delgada rama, de un árbol que buscaba afanosamente el cielo, árbol que fue sembrado por el desconsuelo en medio de la nada, en la tierra seca y desolada de los ciegos sin voluntad, y sus prolongadas raíces fibrosas, ansiosas buscaban la profundidad del agua del subsuelo, esto, para no morir de sed, debido a la sequía de las múltiples frustraciones, de los que aseguran, tener de sobra razones, para poderse deprimir, y otra razón, por la melancolía, efecto del inclemente clima frío del crudo y prolongado invierno, por el que atraviesa el ánimo de los viajeros, que suelen sentirse el único pasajero, de un tren desbocado, que desborda de gente que vivía y vive impaciente, sólo de las rutinas que casualmente los llevan a pegar de frente con sus propias amarguras, y cuyo parloteo era tal, que lograba hacer oír a los sordos y necios, que sólo escuchaban lo que querían y quieren; así como yo, que sólo veía lo que quería y veo lo que quiero; de ahí que resultó sorprendente para mí, el movimiento de la hoja que oscilaba, y según mi entender, amenazaba con desprenderse, movida, qué se yo, si por el aire frío de la tarde, o por el miedo que todos sentimos, cuando nos sueltan de la mano, aquellos a quien amamos, cuando nos sentimos menos que gusanos.

Hasta aquí, la página del mencionado libro en espera de ser editado, si usted está interesado, en conocer lo que sigue, sólo tiene que pedirle al autor que hoy y siempre será su amigo, que deje a un lado el orgullo, para hacerse presente en su vida y sentirse consentido por el interés de tan amable lector. En ocasiones, se puede pasar toda una vida enterrado, sin saber que se está muerto, otras, sólo basta que además del interés, de los que viven despistados y les sobra inteligencia, no se dejen llevar por los que venden las ideas del mercado, para darse por sí mismos y enterados, de que en su barrio, colonia, ciudad, existe talento que no ha sido explotado.  

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