Noche buena: sentimientos encontrados

DESDE ESTA ESQUINA / Melitón Guevara Castillo

2021-12-26

Melitón Guevara Castillo

La expresión lo dice todo: Noche Buena. Sin embargo, yo tengo que confesarles, amigas y amigos, que yo la viví con sentimientos encontrados. El protocolo, la rutina, fue la de cada año, reunirnos en casa, en familia, con mi esposa y mi hija, mi cuñado Candelario, así como mama y uno de mis hermanos. Hoy, fue diferente, no participo mama ni mi hermano. El motivo, el fallecimiento de mi padre, un par de días antes.

Nos reunimos, temprano, en la casa de mama: ahí, mi semblante no era el mejor, al grado que una de mis cuñadas, y una de mis hermanas, no vacilaron en recomendarme, decirme, pues: ¡Cuídate!. Y es que, apenas había pasado un día de que entregamos a papa en el reino del Creador. Todo fue repentino, cambio varias de mis actividades programadas y aun no me caía el veinte que ante los designios del Creador, uno no puede hacer nada.

LA NOTICIA. 

Estaba en El Roble cuando van y me dicen: que te comuniques con Martha, y al hacerlo, el mensaje fue preciso, que te comunique a la casa de tu mama. Y de sopetón me entero que mi papa había fallecido. Era una noticia que, en la práctica, era esperada, puesto que en el 2000 fue operado del corazón y le pronosticaron 20 años de vida si se cuidada; pero, además, en los últimos meses, de vez en cuando, quería que lo llevaran con el médico. Así, una y otra vez, no tiene nada, le decían.

Hasta que, un cardiólogo, le dijo: Don Erasmo, usted no tiene nada, pero no olvide que tiene problemas con el corazón, que ya lo operaron y un día va a dejar de funcionar. Me dijo el Dr. Briones, es que le falla la máquina y, precisamente, eso fue lo que sucedió: le fallo la máquina y nos dejó, se fue a vivir con el Creador. Por eso, en la tierra, unos y otros decimos que ya descansa en paz. Perder a un ser querido, sobre todo, si es el padre, no es fácil de digerir.

NOCHE BUENA.

Quienes creemos en Dios, que profesamos una fe religiosa, más si es la tiene como fundamento a Jesús, celebramos el día 24 la Noche Buena; festejamos el nacimiento del niño Jesús y lo hacemos, en cada hogar cristiano, con una cena, ahí reunidos damos gracias al Creador por la vida, la salud y los alimentos cotidianos. Felices, nos abrazamos y exclamamos “Feliz Navidad”. Y fue lo que hicimos, como cada año, en casa.

Las copas chocaron, dijimos salud y nos deseamos ¡Feliz Navidad!, pero en el ambiente, en lo personal, no se podía olvidar que un ser querido ya estaba a la diestra del Creador. El festejo no puede ser, hagan de cuenta, a plenitud. Quizá, por eso, pasada la cena, hagan de cuenta que perdí el sueño, me prepare un par de copas más y vi un rato la televisión… como una forma de escapar a la realidad presente: el dolor por la pérdida del ser amado y la felicidad por festejar el nacimiento del niño Jesús.

DOLOR Y FELICIDAD.

Los sentimientos y emociones son múltiples, variados, y los manifestamos en nuestro comportamiento en diversos momentos. Hay, sin embargo, dos que unen: son el dolor y la felicidad. El dolor, que puede ser causado por una desgracia, y en esencia, son dos: una enfermedad o la pérdida de un ser querido. Y eso se manifestó con el fallecimiento de mi padre: la familia y los amigos se hicieron presentes, con mensajes de duelo y otros con la presencia en los servicios funerarios.

No es fácil dar el pésame a un familiar o a un amigo. Sin embargo, recibirlo, es un bálsamo que alivia el dolor, nos da la impresión que se comparte, se diluye y sentimos que no estamos solos. Esa sensación se hizo presenta en cada saludo, en cada abrazo, así como en cada mensaje de aliento y solidaridad a través de las redes sociales. Agradecido, pues, con Dios, con la vida, que me ha dado familia y amigos, que son el soporte en el dolor y compañía en la felicidad.

LA HERENCIA.

En un post en Facebook describí, en pocas palabras, a mi padre: que fue, toda su vida, un trabajador, enamorado del trabajo, sobre todo en el campo. Y uno de mis amigos, que me conoce, apunto: fue la herencia que te dejo, el amor por el trabajo. El trabajo rinde frutos y permite disfrutar la vida. Al morir no nos llevamos nada, y dejamos en quienes nos aman un recuerdo que nos identifica… y mi padre, me dejo, su obstinación, su terquedad y su afán por trabajar.

Nota. En Campoamor, a las 3 pm, en su casa, se desarrolla el novenario.

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